Pese a la evidencia de sus triunfos electorales en 2021, la oposición es una zona fantasma de la discusión pública mexicana. Se habla de ella normalmente para decir que no existe, o que está cooptada y amenazada por el gobierno, o que está dividida y no tiene programa alternativo, o que está todavía en el limbo del nocaut recibido en 2018.

Todo eso es parcialmente verdad o lo ha sido en distintos momentos de estos años. Es cierto que la oposición no ha hecho oposición en el sentido profesional de la palabra; que se ha plegado a las imposiciones legislativas del Presidente; que parece tartamuda de ideas, de propuestas y de protestas, estando sin embargo frente a un gobierno de resultados tan pobres y aún tan catastróficos, que sería la fiesta de cualquier oposición.

¡Lo que hubiera hecho López Obrador como candidato de oposición con los yerros de un gobierno como el de López Obrador!

Frente al megáfono mañanero del presidente y la estrepitosa autocomplacencia de sus partidarios, hemos tenido una oposición silenciosa. Una oposición que no sabe hacerse oír y que pocos oyen. Pero guardar silencio no es dejar de hacer política.

Esa oposición silenciosa es la que ha ido apareciendo en el horizonte como una fuerza capaz de equilibrar el poder del lópezobradorismo y  de ganarle donde cuenta, en las urnas y en el Congreso, como en junio del 2021 y como ayer. Porque hay algo que la oposición no dejó de hacer en medio de su silencio y su invisibilidad.

Y ese algo fue hablar, juntarse, encontrar candidatos comunes y aparecer de pronto como una fuerza competitiva que obtuvo en las elecciones intermedias de 2021 más votos que todo el oficialismo y victorias en la mitad de la Ciudad de México.

Esa oposición se hizo visible también ayer en la Cámara de Diputados derrotando con facilidad la propuesta de reforma constitucional del Presidente, dejando en el aire la impresión de ser una marea creciente contra la marea menguante del gobierno.

Frente al estruendo discursivo de la llamada 4T, la “oposición inexistente” empieza a existir con fuerza y a hacerse visible como el terreno a donde empieza a mirar la mayoría silenciosa del país.