A dos semanas de haber concluido el tercer trimestre del año, la economía global está dando señales claras de debilidad.

Con la excepción de Estados Unidos, las principales economías a nivel global están en una franca situación de desaceleración que en algunos casos amenaza en convertirse en recesión.

En su más reciente actualización de estimados, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó sus proyecciones de crecimiento global a la baja, tanto para el 2014 como para el 2015, por segunda vez en el año.

Aunque el estimado para Estados Unidos fue revisado al alza, las proyecciones para la eurozona y Japón sufrieron un ajuste substancial a la baja. El hecho de que la desaceleración global se está dando al mismo tiempo que la Fed está por concluir el retiro de las inyecciones de liquidez y comenzar a normalizar las tasas de interés, ha tenido un impacto muy negativo en los mercados.

Aunque las cifras de actividad económica en Estados Unidos han sido positivas durante los últimos dos trimestres, hay observadores que están preocupados por las repercusiones negativas sobre la actividad económica en ese país, y en concreto de las exportaciones, derivada del fortalecimiento del dólar y la desaceleración de varios de sus socios comerciales.

Hay quienes estiman que esta combinación de factores podría restarle entre medio y un punto porcentual de crecimiento a la economía estadounidense, cifra considerable debido a que el FMI estima que la economía de EE.UU. crecerá 2.4 por ciento en el 2014 y 3.5 por ciento en el 2015.

Después de varios meses en los que la volatilidad había brillado por su ausencia y donde el mercado se había tornado complaciente ante las malas noticias, parece que los inversionistas por fin se dieron cuenta de que la batalla entre la liquidez y la falta de crecimiento ha comenzado a ser ganada por la falta de crecimiento.

Durante los últimos cinco años, la vorágine de actividad por parte de los bancos centrales hizo que la liquidez fuera al frente en la batalla pero ahora el retiro de los estímulos más la posibilidad tangible de un alza de tasas en Estados Unidos aunado a la ausencia de crecimiento en varios bloques económicos ha terminado, por lo menos de manera temporal, con la complacencia.

Esta situación se da en un entorno de muy baja inflación en el mundo desarrollado y en algunos casos concretos, como el de la eurozona, una amenaza de deflación. Este entorno debería traducirse en un escenario de desaceleración y bajo crecimiento para la economía global, pero no uno de recesión.

El foco principal de preocupación parece ser de nuevo Europa, donde el FMI incrementó de manera considerable su estimado de probabilidad de recesión.

La desaceleración europea no es algo nuevo, es algo que se ha venido discutiendo desde hace por lo menos dos meses, pero no todo es terrible en Europa.

Mientras que partes centrales del bloque europeo, como Alemania y Francia, están en franca desaceleración, hay otros países, como España, que se están beneficiando de las reformas estructurales implementadas como parte de la medicina tomada en la parte más álgida de la crisis. No obstante, la eurozona necesariamente necesita de una mayor inflación y, por ende, de una mayor tolerancia a ésta por parte del BCE para realmente salir del círculo vicioso de austeridad-bajo crecimiento-baja inflación-incumplimiento de metas de desendeudamiento.

Como hemos mencionado en este espacio, mientras esto no suceda la eurozona estará en un escenario permanente de bajo crecimiento y un riesgo constante de recesión y los mercados vulnerables a episodios de ajuste como el actual, sobre todo después de tan largo periodo de complacencia.