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Recuerdo muy bien cómo hace 30 años pasé algunas horas formado en una larga fila sobre Periférico sur para ser uno de los primeros adolescentes de entonces en comprar una hamburguesa de McDonald’s en México.

Quizá no eran mejores hamburguesas que las de Burger Boy, pero eran la punta de lanza de una apertura que no teníamos hasta entonces. Y si después de comer una Brontodoble dejábamos sucia la mesa, después de una Big Mac, cogíamos la charola y tirábamos la basura en el bote de basura, tal como se acostumbra en Estados Unidos.

Creíamos que valía la pena la experiencia de un proceso de compra del primer mundo en nuestro propio territorio. Era parte del sueño eterno de brincar algún día al desarrollo.

Hoy la novedad se ha cambiado por lo cotidiano y los miles de franquicias de comida rápida son parte de los hábitos alimenticios de los mexicanos, con todo y lo que implica la epidemia de obesidad.

Hoy estamos a punto de revivir esas emociones de la novedad de los años 80. Quizá debió ocurrir también hace 30 años la apertura del mercado de los energéticos. Como sea, finalmente llegó.

A partir del próximo mes, se abre el mercado de importación de gasolinas, lo que implica, como expresión más visible, que los inversionistas privados tengan acceso a otras marcas diferentes a los combustibles y la franquicia de Petróleos Mexicanos.

El McDonald’s de las gasolinas en México será la firma Gulf, que para este verano tiene planes de tener abiertas al menos cuatro estaciones de servicio en lugares donde se hagan notar.

Seguramente, veremos largas filas de automovilistas que quieran ser parte de la novedad y de la experiencia de cargar gasolina de una marca gringa, en México.

Ya veremos si les toca a los clientes una experiencia de autoservicio o si bien contratan a despachadores con experiencia que simplemente dejen el overol de Pemex para montarse en el uniforme de esta empresa privada.

Tienen garantizadas las primeras planas de muchos medios, que habrán de consignar el inicio de la competencia de un sector que había permanecido enterrado por los lodos de un absurdo nacionalismo.

Sólo que esos combustibles que habrá de despachar una empresa que tiene por mera coincidencia los colores azul y naranja panistas, serán gasolinas con precio controlado por la Secretaría de Hacienda.

La competencia plena de los precios sujetos a la oferta y la demanda deberá esperar hasta el 2018, porque en este 2016 las gasolinas juegan al libre mercado con una banda de flotación de apenas 3 por ciento.

Al final del día, lo importante es que está a punto de suceder y que más allá de resolver dónde se pueden instalar estaciones de servicio, lo que realmente puede empezar a corregirse es la disponibilidad de los combustibles.

Hemos insistido en este espacio desde hace algún tiempo que este país tiene reservas de gasolinas para menos de tres días y eso es un riesgo de seguridad nacional. Por eso es importante que lleguen los competidores e instalen infraestructura de transporte y almacenaje.

Y por supuesto, también que pongan sus bonitas estaciones de servicio donde hay la esperanza, que no la garantía, de que puedan surtir a sus nuevos clientes litros de a litro de sus gasolinas.