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Las marchas del domingo apenas reunieron a 20 mil participantes en Ciudad de México y otro tanto en el resto de la República. La respuesta ciudadana quedó muy por debajo de lo esperado y palideció frente a la gran manifestación contra la violencia de 2004. Un fracaso tanto para quienes buscaban mostrar el rechazo a Trump como para los que querían evidenciar la indignación por el gobierno del presidente Peña.

Esta incapacidad de la sociedad civil para llenar las plazas públicas ha sido constante en los últimos años. Ni siquiera la tragedia de los normalistas logró mantener a la gente en las calles. Esto se debe, sobre todo, a que las protestas ciudadanas han carecido tanto de liderazgos fuertes o estructuras que los vertebren como de objetivos claros y factibles. La indignación y la solidaridad han encontrado en las redes una forma más cómoda de expresión. Para muchos, la ciudadanía se agota en 140 caracteres.

Históricamente, las mayores concentraciones se han dado en tres circunstancias: a convocatoria de partidos políticos (cierres de campañas o protestas poselectorales); por iniciativa de organizaciones de masas (como la CNTE o el SME) o motivadas por agravios directos a grupos sociales (protestas estudiantiles o contra la delincuencia).

Ninguna de ellas se dio antier. Trump es odiado y es una amenaza para México y para nuestros compatriotas en Estados Unidos. El temor es real pero el impacto aún no se siente de este lado de la frontera. Acá, la amenaza sigue siendo remota, a diferencia de 2004, cuando todos llegamos a sentirnos vulnerables y agraviados por la inseguridad.

Además, los promotores de las marchas de este domingo fueron incapaces de unificar el sentido de la protesta. Los objetivos eran muchos, los convocantes estaban divididos y la capacidad de organización fue casi nula. Ni el Himno Nacional pudo ser entonado al unísono.

Habrá que ver si, en caso de que las amenazas de Trump se concreten, tendremos una reacción social más contundente. Y habrá que ver también si para entonces no será ya demasiado tarde.