Sobre esta realidad innegable, el demagogo López Obador fincó una propuesta de reforma al poder judicial, que obviamente es necesaria
Se las metimos doblada…”
Paco I. Taibo, X
Director del Fondo de Cultura Económica.
Estoy cierto de que no hay mexicano en su sano juicio que pueda defender, con inteligencia y cabalidad, el sistema jurídico mexicano que hemos tenido en los últimos 60 años; desde los agentes del ministerio público hasta los ministros de la Suprema Corte de la Nación se han caracterizado por una mezcla de incompetencia técnica y corrupción extrema.
Triste testimonio de ello es la justicia selectiva que impera en México, y que agiliza la entrada y salida, que se denomina puertas giratorias a delincuentes favorecidos, que retornan a sus labores para luego repetir el rito, mientras en las cárceles se pudren seres que por diez, quince o más años no han sido sometidos a juicio alguno y sus expedientes acumulan polvo y cucarachas en los juzgados. Simplemente, porque no tienen dinero para pagar un abogado de alto calibre.
Sobre esta realidad innegable, el demagogo López Obador fincó una propuesta de reforma al poder judicial, que obviamente es necesaria. Solamente que la propuesta de Lopitos no pretende una depuración ética ni una capacitación técnica, sino la supeditación política del último poder que le falta dominar, puesto que ya tiene en la buchaca al legislativo y al ejecutivo.
Bajo el seductor señuelo de que “por primera vez en el mundo” los ciudadanos vamos a elegir a nuestros jueces, lo cual no es cierto, el cuatrote ha armado una confusa amalgama de procedimientos en los que los electores vamos a tener tres opciones: naufragar en la papelería incomprensible, repetir el tin-marin-de-dopingüe para que gane el que sea, me vale madre mientras yo busco para el gasto, o simplemente no acudir a las confusas urnas y las largas colas. De todos modos, ganarán los patrocinados por el gobierno.
En todo ese maremagnum, que quiere decir mar grandote, me preocupa sobremanera la participación muy activa de la “Iglesia del Dios Vivo Columna y Apoyo de la Verdad, la Luz del Mundo”. Hay varios personajes inscritos y aceptados como candidatos: fieles, promotores, diáconos o ministros.
Debiera preocuparme el peso económico y político que esta secta ha logrado en menos de un siglo: su docrina dice que fue fundada por Jesucristo en el siglo I (debiera ser el siglo 0), y restaurada en Guadalajara-el 6 de abril de hace 99 años- por Eusebio Joaquín González, a quien se le llama Aarón, el Profeta. Al morir este en 1964, le heredó el cargo a su hijo Samuel Joaquín Flores. Luego, Nasón Merari Joaquín García, nieto de Aarón, sucedió a su padre muerto en 2014, y maneja desde 2019 la Luz del Mundo desde una cárcel de California en donde purga condena de 16 años y 8 meses por abusos sexuales a menores. Delitos que tienen tradición en La Luz del Mundo desde el abuelo llamado Aarón. Convicto y confeso, Nasón terminará su pena en el año 2035. O antes. Desde luego, Nasón tiene también los títulos de Apóstol y Ángel del Apocalipsis. Se me olvidaba: el cumpleaños de Nasón fue celebrado, ahora sí con bombo y platillo, en el Palacio de Bellas Artes, una semana después de la fecha, el 15 de mayo de 2019.
Deje deso. Nadie se pone de acuerdo en cuanto a los millones de fieles que la Luz del Mundo tiene en México. El INEGI le atribuía hace 25 años 900 mil fieles. Nason dice que en un año su secta ha bautizado a cinco millones de personas en 50 países.
Algo debe de haber de cierto. Basta con ver las fotografías de los templos de La Luz del Mundo. El mayor, en Guadalajara, es el edificio religioso más alto de América Latina. Hay que ver el templo de Houston, Texas, o de arquitectura similar, la iglesia en Los Ángeles, California. La aguja de la cúpula del de Silao, los arabescos del templo de Jalapa o la modernidad de la iglesia en Cancún, de 2017. Hay muy buenas fotos de la iglesia en Nueva York, en Anchorage, en Tapachula o en San Pedro Sula. En la Ciudad de México nada más hay que ir por Insurgentes Sur rumbo a la terminal de autobuses del Norte: ahí se encuentra la aguja blanqui-azul. Ya quisiera el Santo Papa, para decirlo a voz en cuello.
De que hay dinero, hay dinero.
De que le van a meter dinero a lo que sea necesario para meter su cuña en el poder judicial mexicano, lo van a meter y van a ganar. Aunque en las leyes mexicanas del tan celebrado Juárez se acota la participación política de los allegados, simpatizantes y -desde luego- ministros de todo culto en la política de nuestro país.
Reformado el 2 de enero de 1992 el artículo 130 de la Constitución, dice a la letra en su inciso d): “los ministros de cultos no podrán desempeñar cargos públicos. Como ciudadanos tendrán derecho a votar, pero no a ser votados”.
Claro, La Constitución no habla de los cargos púbicos.
PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Por si usted está con el Jesús en la boca esperando al dos de abril y el cómo nos va a partir la madre Donald Trump, yo tengo cosas más importantes en qué pensar. El fin de semana la señora Presidente dijo que el 7 de abril, con un concurso o iniciativa, va a cambiar totalmente la música popular mexicana. Que los corridos “tumbados” ya no serán lo mismo. Claro, esto es minucia después de la revolución de las conciencias que ya lograron.