La guerra justa del huachicol

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Leopoldo GómezTercer Grado

Es imposible predecir el éxito que tendrán las medidas del nuevo gobierno en contra del robo de combustible. Según datos oficiales, con los cierres de ductos, los protocolos de vigilancia y las acciones legales, las pérdidas disminuyeron de 126 mil barriles diarios, a principios de diciembre, a un mínimo de 2 mil 500.

Es imposible predecir el éxito que tendrán las medidas del nuevo gobierno en contra del robo de combustible. Según datos oficiales, con los cierres de ductos, los protocolos de vigilancia y las acciones legales, las pérdidas disminuyeron de 126 mil barriles diarios, a principios de diciembre, a un mínimo de 2 mil 500.

Falta ver en qué medida quedarán contenidos los huachicoleros una vez que el abasto se normalice. El tiempo también permitirá dimensionar si la estrategia planteada fue la más adecuada.

En todo caso, este primer lance del gobierno deja ver el enorme capital político del presidente López Obrador y la conexión de su discurso moral con la gente.

Según todas las encuestas, pese a los inconvenientes, una clara mayoría de ciudadanos respalda las acciones tomadas y comparte la idea de que no debía seguir tolerándose el robo de combustible. Significativamente, de acuerdo con El Financiero, en las últimas dos semanas la aprobación del Presidente ha aumentado seis puntos para alcanzar 76 por ciento.

El discurso del Presidente tiene una fuerte carga moral. A la luz de la tradición tomista de las relaciones internacionales, cuando la causa es justa y el objetivo es noble, hasta la guerra se justifica. Y en la lógica del Presidente, lo que se ha iniciado es precisamente eso, una guerra que exige la colaboración de todos, especialmente porque la indiferencia equivale a complicidad y es moralmente reprobable.

Esto es lo que el Presidente ha logrado transmitir con éxito. Aun cuando en los círculos de opinión se dice que la comunicación de estas medidas ha sido pésima, a él parece haberle funcionado. Todo indica que hoy su capital político es mayor al que de por sí tenía.

Para la población ha sido más importante atender el mensaje general del Presidente que conocer los detalles de la estrategia, sus plazos e, incluso, los mejores lugares y horas para cargar combustible.

Sin embargo, no todo está ganado para el gobierno. Aunque la causa sea justa, la paciencia de la gente necesariamente se irá agotando si no se normaliza el suministro. Y si esa regularización no va acompañada de una reducción del robo de combustible, las evaluaciones, al final del día, podrían dar un vuelco.

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