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Hoy cuando algunos sectores y analistas plantean la conveniencia de que los electores nulifiquen su voto como una forma de protesta y rechazo a los partidos y los políticos, la sombra de la apatía ciudadana y el riesgo de un alto nivel de abstencionismo se asoma a pocas semanas de los comicios del 7 de junio.

Y es que lo que se mira en la contienda electoral, en las campañas, es una guerra de lodo en la cual en vez de mostrarse como la mejor opción de gobierno y gobernantes, en realidad parece que se trata de destacar que se es la menos peor de las opciones.

Parecería ser que la apuesta en la comunicación política que se está desarrollando en la mayoría de las campañas es presentar al menos peor de los candidatos u opción partidaria.

Da la impresión de que lo que menos interesa es reconstruir la confianza y la credibilidad en el ejercicio de gobierno y en las instituciones.

¿Para qué o qué difícil es reconstruirla?, dirían algunos

“México sufre una herida supurante y no hay medicina para lograr la pronta recuperación. Llegamos a la jornada electoral de junio ante la vergonzosa realidad del nepotismo, parejas imperiales, familias que viven como magnates a costa de los cargos de representación popular y por el cobijo de partidos solapadores de mafias; usan los puestos para fincar reinos monolíticos, incapaces de ceder un centímetro del poder acumulado por las complicidades y corrupción de las estructuras”, acusa el semanario católico Desde la Fe que edita la Arquidiócesis Primada de México.

Y la representación de la Iglesia Católica recoge quizá una de las percepciones que está consolidando la apatía ciudadana, al señalar que “en esta carrera por el poder se ha hecho énfasis en la transparencia y rendición de cuentas. Lamentablemente son pocos los candidatos que presentaron declaraciones patrimoniales reales y objetivas, en coherencia con la ética política urgente para nuestro país. La opinión pública se da cuenta de ilógicas e inauditas riquezas de la clase política, de vástagos y juniors que presumen en redes sociales sus viajes, fiestas y menajes, cortesía de papá quien compite, de nuevo, por otro trienio en demarcaciones pobladas de pobres y humildes”.

No es menor la posición de la Iglesia Católica por su nivel de influencia en amplios sectores de la población. Es no sólo una publicación sino la línea que se repite en las homilías dominicales de muchos templos.

Para algunos esa lejanía o apatía del elector que redunde en un abstencionismo pudiera ser la mejor estrategia para consolidar espacios de poder calculando y apostando al voto duro, esencialmente el cooptado.

¿Realmente vale la pena nulificar el voto como una forma de protesta? Puede ser, pero al final en los conteos no se anotará posiblemente en las actas las características de los votos nulos sino simplemente serán invalidados. Nulificar el voto y abstenerse da el mismo resultado.

Las campañas negras hoy son más negras que en pasados procesos electorales. Hay una guerra de lodo que ya no es tal sino una guerra estercolera.

Ya no sólo se afecta la reputación de los atacados –con o sin razón- sino que se deja en descrédito a toda una clase política que aspira a ejercer cargos a como dé lugar, ahondado cada vez más la desconfianza e incredulidad ciudadana. Y alejando la discusión seria de los asuntos que realmente interesa o deben debatirse en el país y que requieren del concurso y respaldo ciudadano.

PostScriptum.- De niños, jugar a policías y ladrones era ya de por sí grave. Pero lo que ha ocurrido en Chihuahua cuando infantes y un adolescente jugaron al secuestro habla de una descomposición social grave en algunos sectores, en que los ejemplos a seguir se ubican en las conductas delictivas.