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Ésta es una semana importante para los mercados, ya que el jueves se dará el anuncio de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). A diferencia de los últimos siete años, ésta es la primera decisión en la que existe una buena dosis de incertidumbre sobre si la Fed incrementará o no la tasa de interés de referencia.

Hasta hace seis meses, el mercado tenía casi totalmente descontado que la Fed realizaría su primer incremento en tasas en septiembre. Sin embargo, este escenario ha venido cambiando de manera considerable en los últimos meses.

Hasta hace un mes, los futuros todavía asignaban una probabilidad de casi 50% al escenario de alza en septiembre. No obstante, la fuerte volatilidad de los mercados provocada por la desaceleración de la economía china, la salida de capitales de los mercados emergentes, una recaída adicional en los precios de las materias primas —principalmente del petróleo— y crecientes evidencias de que la economía global no está bien, han contribuido a que la probabilidad de un alza se ubique ahora en 30 por ciento.

La disminución en la probabilidad de una posible alza se debe principalmente a factores externos, ya que desde el punto de vista interno parece haber suficientes argumentos para que la Fed comience a actuar. Por un lado, la economía de Estados Unidos creció 3.7% de manera anualizada durante el segundo trimestre del año y es posible que esta cifra sea revisada hacia arriba. Por otro lado, la tasa de desempleo ha bajado a 5.2%, nivel apenas por arriba del mínimo del 2008.

Como contexto, vale la pena recordar que los ciclos de alza en tasas posteriores a la recesión de 1991 y la recesión del 2001 comenzaron cuando la tasa de desempleo se ubicaba en 6.6 y 5.6%, respectivamente. Sin embargo, el consenso entre los expertos es que hay suficientes factores para que la Fed posponga su primer alza.

Entre ellos destacan: i) la inflación se mantiene en mínimos históricos y no se prevén presiones importantes en el mediano plazo; ii) a pesar de la recuperación en los niveles de empleo, muchos trabajadores se están teniendo que conformar con empleos de medio tiempo y sueldos inferiores; iii) este anterior punto ha contribuido de manera importante a una ausencia total de presiones salariales; iv) la fragilidad de los mercados y el marcado incremento en la volatilidad a nivel global podría mermar la confianza de los consumidores en Estados Unidos, y v) la fortaleza del dólar, en combinación con una economía global en desaceleración, podría afectar el ritmo de recuperación de la economía.

Adicionalmente, en tiempos recientes, la Fed ha sido muy cuidadosa de no actuar de manera sorpresiva ante los mercados. Dado que de aquí a fin de año hay dos reuniones más de política monetaria, todo parece indicar que la Fed podría, en esta ocasión, esperar a ver si los mercados se calman un poco más antes de realizar su primer movimiento de alza.

El anuncio de esta semana se ha calificado como crítico para unos mercados malacostumbrados a subir y subir a punta de dinero abundante y barato. Aunque el mercado parece estar subestimando la probabilidad de un alza por parte de la Fed, el rango de posibles escenarios de decisión de la Fed tampoco es tan amplio.

Si la Fed no sube tasas esta semana, el mercado está convencido de que lo hará antes de que termine el año y una demora de dos meses no debería ser tan trascendental en el gran panorama. Adicionalmente, está claro que el primer incremento no será mayor a un cuarto de punto y que las alzas futuras se darán de manera tan gradual que seguiremos viviendo en un mundo de tasas extraordinariamente bajas por un periodo prolongado.