Elecciones 2021

La facundia de los perdedores

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Alberto AguirreSignos vitales

La promoción de la cultura política y la participación ciudadana sigue siendo uno de los principales déficits de la democracia mexicana

Nadie pierde lo que nunca ha tenido. Morena tendrá al cierre del 2021 al menos seis gobernadores más y aun así el consenso de los comentócratas dirá que el partido fundado por AMLO sufrió una dolorosa derrota en las urnas.

Así lo asumen por la incapacidad del bloque oficialista de abrumar, como hace tres años. Imposible, por lo demás: el político tabasqueño —aunque lo intentó, con su propuesta de empatar la consulta popular sobre el juicio a los expresidentes con las elecciones intermedias— no figuró en la papeleta.

El objetivo del bloque opositor era frenar a la Cuarta Transformación. Y la única posibilidad —en el corto plazo— radicaba en evitar una mayoría calificada en San Lázaro en el cierre del sexenio lopezobradorista. Los autores de este escenario fueron omisos en las referencias del pasado reciente: solo Carlos Salinas de Gortari logró tener el control del Congreso para la segunda mitad de su sexenio y eso ocurrió hace 20 años, sin alianzas opositoras y una autoridad electoral todavía apegada al gobierno en turno.

La firma del TLC, pero sobre todo un férreo control político –vía las famosas concertaciones—hicieron posible que CSG asegurara la ruta que le permitiría manejar la sucesión presidencial a su antojo… hasta la designación de Luis Donaldo Colosio. En su trienio final, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto tuvieron que negociar con la oposición, pero sobre todo debieron sacrificar a los líderes de sus partidos, para aminorar el costo de su derrota.

Germán Martínez, en el 2009, y Manlio Fabio Beltrones, en el 2015, renunciaron a las presidencias del PAN y del PRI, respectivamente, ante resultados que no fueron satisfactorios para los entonces huéspedes de Los Pinos. Si Morena gana seis gubernaturas y obtiene 250 diputados federales, ¿tendrá que renunciar Mario Delgado?

En sexenios anteriores, el costo del mal gobierno se pagó en las subsecuentes elecciones presidenciales. Esta vez, además, gravitarían la crisis económica detonada por la contingencia sanitaria. La Covid-19 enmarcó la derrota de Trump. La gestión de la pandemia —según las encuestas— ha debilitado a Bolsonaro, Macron y Pedro Sánchez. pero la vacunación redujo —en todos los sentidos— las consecuencias de la pandemia.

La ingobernabilidad y la violencia fueron los determinantes del voto en el 2021. Y la polarización, ¿acaso fue un detonante o un inhibidor de la participación ciudadana? La asistencia a las urnas rebasó los niveles históricos, pero más por la concurrencia que por la efectividad de las campañas.

Los votantes cumplieron. Ahora toca a las autoridades hacer su tarea sin protagonismos ni disensiones, lo que se antoja complicado a juzgar por las invectivas de algunos integrantes del Consejo General que —aunque lo nieguen— toman partido. El discurso del “buen demócrata” —según las definiciones del consejero Jaime Rivera— resultó contrastante con los puntos de vista de Ciro Murayama. “No hay votos buenos y otros malos, unos dignos y otros indignos”, insistió.

Contar votos es apenas una tarea. La promoción de la cultura política y la participación ciudadana sigue siendo uno de los principales déficits de la democracia mexicana. Y la superioridad moral de los actores políticos, es lo que terminó por fastidiar a muchos ciudadanos, incluso antes de las campañas electorales.

  1. Los rostros de la derrota

    Si existiera, el manual del buen demócrata indicaría que Alejandro Moreno Cárdenas debería entregar su renuncia y dejar en manos del Consejo Político Nacional del PRI su permanencia al frente del partido

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