En un esfuerzo por mandar señales de optimismo mesurado, frente a las turbulencias económico-financieras en el mundo, el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto ha sostenido que México se ha venido preparando para mantener estabilidad macroeconómica y que la llegada de inversiones y generación de empleos son muestra de que el país va avanzando.

Las cifras –y eso lo saben perfectamente bien los economistas- siempre son moldeables de acuerdo al contexto en que se quieran interpretar para incidir en la percepción pública.

Ha habido generación de empleos en una cantidad que circunda el millón 400 plazas en los últimos dos años, la mayoría fijos, que son adecuados pero siguen por debajo de las necesidades que tiene la población en cuanto a que los deberían crearse, por lo menos un  millón de empleos cada año para atender la demanda de las nuevas generaciones. Peor sería que ni siquiera se crearan o en menor cantidad.

Sin duda se sigue engrosando la informalidad laboral, problema persistente pero que sirve de válvula de escape.

Una situación que no debe dejarse de lado es que ha venido creciendo la denominada precarización del salario que significa el hecho de que muchas personas se emplean por un  ingreso medio o bajo. Luego entonces, puede haber empleos pero no necesariamente bien remunerados.

La inversión que está llegando a México y que se ha venido anunciando en  gran medida, como señal de que hay confianza en la estabilidad, en el proceso de reformas y la economía mexicana, implica una inyección en plazos que pueden ir de 3 a 5 años o más. Y son compromisos de inversión que no necesariamente pueden plasmarse pues están sujetas a circunstancias varias, sobre todo si se trata de inversiones enfocadas a la exportación.

La devaluación del yuan determinada por el gobierno chino abre claramente un frente a la guerra por las exportaciones en que el uso de la divisa será factor clave no de competitividad sino de competencia, más en mercados internacionales como el europeo y el estadunidense donde sigue habiendo crecimientos dispares en el consumo.

Aunque la intervención de las autoridades monetarias pretende evitar un colapso mayor en la paridad peso-dólar, al final parece convenir más un ajuste al alza del valor de la divisa estadunidense frente a la guerra de las exportaciones lanzada por China, al creciente ingreso de remesas provenientes de Estados Unidos y la conversión de dólares a pesos en las exportaciones de petróleo para compensar los altibajos en el precio del crudo. Esto a pesar de los efectos adversos que puede implicar en el consumo interno.

No puede negarse que las variables macroeconómicas apuntan a que las condiciones en México están mejor que en décadas pasadas.

Sin embargo, hay aparente contradicción entre resultados buenos y malos en la economía –donde bajan las expectativas de crecimiento del PIB y hay desbalance en el crecimiento de los diversos sectores industriales, por citas dos casos- que obligan a explicar esas discordancias para mandar una señal de mayor solidez sobre el futuro inmediato de la economía nacional.

Los factores externos están amenazando los resultados positivos internos que se han venido presentando en los últimos meses. Por ejemplo, los más recientes indicadores señalan que el consumo interno ha mostrado mejoría, al menos en tiendas de autoservicios y departamentales que habían tenido cifras de bajos crecimientos desde el año pasado.

Y es que tan solo la depreciación del peso está dando elementos para un ajuste de precios finales al consumidor por el incremento en precios de materias primas, insumos y equipos de importación que se utilizan para la producción. Esto incidirá en las proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto y potencialmente en la inflación.

Y si a ello se agrega la expectativa de alza en las tasas de interés –tanto en Estados Unidos como en México-, que incrementaría el costo del dinero, entonces veremos una espiral de aumentos de precios que afectarán el bolsillo de los consumidores, más aquellos que tienen deudas bancarias y con tarjetas de crédito.

De por sí la cartera vencida es de demasiado alta y se ha venido calentando en los últimos  años.

El Banco de México está analizando las implicaciones de la depreciación del dólar respecto a su impacto en la inflación para mantener o variar la tasa de referencia que es actualmente de 3 por ciento. Se trata de mantener un equilibrio.

Desde la perspectiva de la comunicación, el sólo envío de señales optimistas -por más moderadas que sean- pueden sonar a triunfalistas o lejanas, propias de un país distinto.

Hay aparentes contradicciones en el desempeño de la economía nacional. Precisarlas y apuntar con claridad las estrategias que se siguen para andar dentro de la turbulencia contribuiría en mucho a bajar las percepciones de susto o pánico, sobre todo en una sociedad que ha sido lastimada y devaluada cada vez que el dólar se trepa en los mercados cambiarios.

PostScriptum.- Es contradictorio, pero mientras a Rubén Oseguera “El Menchito” le fijaron arraigo como medida cautelar para reunir elementos que sustenten las acusaciones que se le imputan en materia federal, a Óscar Álvaro Montes de Oca y Lilia Angélica López Negrete (jóvenes acusados de supuesta propiedad de maletas con droga), el Ministerio Público Federal les ejercitó acción penal y los mandos a penales sin contar con todos los elementos para la integración del cuerpo del delito. ¡¡Vaya pues!!