La deslealtad democrática

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Héctor Aguilar CamínDía con día

De todos los riesgos de la elección de 2018, el mayor, el que potencia y puede hacer catastróficos todos los otros, es el de la deslealtad democrática de los contendientes.

De todos los riesgos de la elección de 2018, el mayor, el que potencia y puede hacer catastróficos todos los otros, es el de la deslealtad democrática de los contendientes.

Ninguno de los partidos respalda a la autoridad electoral; por el contrario, se dedican a disminuirla y quitarle crédito.

Ninguno de los contendientes cumple tampoco rigurosamente con las normas que ellos mismos, sus bancadas en el Congreso, han establecido.

De un lado, descalifican a los árbitros de salida, para vacunarse de antemano por sus posibles derrotas, sin medir que un árbitro descalificado para decretar sus derrotas queda también descalificado para cantar sus victorias.

Del otro lado, abruman a la autoridad con demandas y querellas sin fin contra sus competidores, saturando los canales de queja con trivialidades, exageraciones, triquiñuelas y simple mala fe. Como si retrasar el veredicto y manchar la victoria del otro hicieran más llevadera su derrota.

“Sabemos que no es parte de la cultura política del país la aceptabilidad de la derrota”, dice el presidente del INE, Lorenzo Córdova.

“Hay un problema de madurez política de los actores en cuanto a aceptar los resultados”, dice Janine Otálora, presidenta del tribunal federal electoral. “Hay dos grandes males que acechan a los actores políticos en contienda: el infantilismo y la victimización”.

La tarea de la autoridad, sigue Otálora, “es decirles a los actores políticos cuándo están violando la ley. El problema”, añade, “es que lo que están violando son las reglas que ellos mismos pusieron… Aquí no estamos ante cualquier ciudadano común y corriente que viola un código. No, aquí estamos hablando de algo más grave: actores políticos que fijan las reglas del juego y luego buscan cómo vulnerarlas”.

Difícil una descripción más precisa de la conducta de los actores a las reglas que ellos mismos han puesto: su empeñosa deslealtad democrática.

Este es el gran riesgo de las elecciones de 2018 y el hoyo grande de la democracia mexicana: es una democracia sin demócratas. Están brincando de más en una cuerda estirada.

Recomiendo las entrevistas a Córdova y Otálora, hechas por Saúl López Noriega, y el texto sobre la fiscalización de las campañas en puerta de María Marván y Arturo Espinosa en Nexos, marzo 2018 (http://bit.ly/2tVeUQe).

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