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La semana pasada, China publicó sus cifras de actividad económica para el tercer trimestre del año, las cuales registraron un crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) de 6.5%, su nivel más bajo desde la crisis financiera del 2008-09. El dato provocó turbulencia en los mercados al dejar ver una desaceleración con respecto a la cifra de crecimiento anual de 6.7% observada en el trimestre anterior inmediato y revelar algunas tendencias de preocupación en otros indicadores.

A pesar de las crecientes tensiones comerciales con Estados Unidos y las tarifas impuestas a las importaciones provenientes de China por parte de la administración Trump, la desaceleración en la economía china no tuvo nada que ver con su sector exportador. Es más, las exportaciones registraron un crecimiento anual de 13.4%, dato superior a la expectativa del mercado que posiblemente refleja una mayor demanda de productos chinos en anticipación a la ampliación en el número de bienes sujetos a tarifas por parte de Estados Unidos en los próximos meses.

Si las exportaciones se empiezan a moderar en los próximos trimestres, la desaceleración de la economía china podría ser mayor a lo anticipado por los mercados. Vale la pena recordar que el Congreso Popular de China fijó una meta anual de crecimiento económico para el 2018 de 6.5%, cifra inferior al crecimiento observado de 6.9% en el 2017 y 6.7% del 2016.

La desaceleración de la economía china está totalmente relacionada con factores internos, entre los cuales destaca el esfuerzo del gobierno chino por restringir el crédito para controlar lo que podría convertirse en una burbuja de endeudamiento en el sector privado y las empresas paraestatales.

La Inversión Fija Bruta se desaceleró de 7.5% observado en los primeros nueve meses del 2017 a 5.4% en el 2018. Tomando en cuenta que la guerra comercial tendrá un impacto negativo en el crecimiento que podría durar varios trimestres, el gobierno chino ha comenzado a tomar medidas concretas para amortiguar este impacto y estimular la economía doméstica.

Aunque la desaceleración de la economía china es un tema estructural y no cíclico, que se pueda resolver con políticas monetarias y fiscales contra-cíclicas, el banco central de China ha comenzado a relajar su política monetaria mediante la reducción de los requerimientos de reservas bancarias.

Aunque el gobierno chino ha venido disminuyendo sus proyecciones de crecimiento de manera consistente durante los últimos años, las tensiones comerciales con Estados Unidos y la amenaza de que éstas se conviertan en una guerra comercial multianual generan suficientes motivos para que el gobierno chino justifique recurrir a políticas económicas de estímulo y así contener el ritmo de desaceleración.

Por ahora China parece no estar dispuesta a caer en la tentación de implementar medidas masivas de estímulo fiscal, como lo hizo en el 2009-10, y está más enfocada en la implementación de reformas estructurales concretas para facilitar la transición del modelo económico a una nueva etapa basada en el consumo doméstico como principal motor de crecimiento. Sin embargo, éste es un proceso que no tendrá resultados inmediatos y el gobierno chino lo sabe.

No obstante, el gobierno chino tampoco está dispuesto a permitir una desaceleración más brusca, por eso ha encomendado al banco central relajar su política monetaria. Sin embargo, estas medidas pueden ser percibidas por los socios comerciales de China como un canal expreso para estimular la depreciación del yuan y así amortiguar parte del impacto de las tarifas impuestas a las importaciones provenientes de China en Estados Unidos, exacerbando aun más la disputa comercial con Estados Unidos.