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Ayer fue el día de la independencia de Estados Unidos y vimos, como cada año, que el mundo financiero se paraliza.

Si ese mercado, el más grande e importante del mundo, no opera, los demás no encuentran rumbo. Están, pues, como perritos sin dueño.

Ése es el poder estadounidense en la economía mundial, y ni hablar de este país emergente al sur de sus fronteras. La liga entre la suerte de esa economía y las consecuencias en México es total.

Por eso es que en cualquier plan de gobierno se tiene que incorporar un panorama de la relación con Estados Unidos y los efectos de su desempeño económico en nuestra propia economía.

Incluso la aludida cuarta transformación tiene que tomar en cuenta los ciclos económicos estadounidenses y las políticas proteccionistas de su presidente.

Estamos en plena guerra comercial y mañana en el teatro de operaciones se esperan disparos en todas direcciones. Chinos y estadounidenses se recetarán los primeros aranceles comerciales que prometen ser el inicio de una escalada mayor.

Desde Europa los integrantes del bloque común muestran los dientes al gobierno de Donald Trump y prometen represalias enormes si Washington decide imponer impuestos a la importación de autos europeos.

Y, en la relación bilateral, imposible perder de vista que tenemos pendiente la ratificación de la siguiente versión del acuerdo de libre comercio más importante que tiene México: el de América del Norte.

No puede llegar el nuevo gobierno con un plan económico que no atienda el ciclo de la economía estadounidense. Sobre todo, cuando hay un calentamiento artificial, provocado por el plan fiscal de Donald Trump.

Ayer pregunté al siguiente secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, sus estimaciones marco para el próximo año. Ve un crecimiento inercial de 2.5 por ciento pero prevé que la inflación podría alcanzar 5 por ciento, por arriba de la estimación de los analistas privados, más cercanos a 4 por ciento, y del Banco de México y su siempre famoso 3 por ciento.

Los que van a llegar a gobernar necesitan más claridad de cuál será su manejo del gasto y el endeudamiento, porque queda la impresión de que el planteamiento original de no más deuda fue una frase de campaña.

Uno de los efectos que puede provocar el sobrecalentamiento económico de Estados Unidos es la inflación, y eso tiene efectos mundiales.

No necesariamente suben los precios en México porque suben en Estados Unidos, pero la medicina correctiva de la Reserva Federal puede acabar por enredar las cosas en nuestro país.

Si suben las tasas de interés, pueden complicar el manejo financiero de los créditos públicos y privados.

Una tasa de interés mayor en Estados Unidos jala los flujos financieros hacia ese mercado y obliga a elevar los réditos internos para evitar una desbandada de capitales.

El ciclo económico estadounidense marca tasas altas de crecimiento, pero con riesgos financieros que se tienen que prever en los años por venir.

El siguiente secretario de Hacienda es una persona muy capaz. Lo que estará a prueba es qué tanto será escuchado al momento de que se plante enfrente al gran tlatoani a explicarle la dependencia mexicana de los ciclos económicos estadounidenses y le diga “no” a sus planes de gasto excesivo y le hable de la necesidad de un manejo prudente y ortodoxo de la economía.