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El peso mexicano se ha subido a la montaña rusa durante este mes de noviembre, después de la relativa calma que tuvo durante varias semanas de octubre.

La gráfica del comportamiento de la moneda mexicana frente al dólar de las dos últimas semanas es una clara representación de lo que significa la palabra volatilidad.

A la paridad cambiaria le pega todo en estos tiempos: el precio del petróleo y su desatendida caída de los últimos días, los desequilibrios financieros nacionales y el uso de la moneda mexicana como válvula del mercado emergente.

Pero lo que más ha movido la relación de cambio del peso frente al dólar es el proceso electoral de Estados Unidos.

El republicano Donald Trump ha logrado hacer de la elección un asunto de blancos y negros. Cualquier acercamiento del millonario a la Casa Blanca ha sido interpretado como una desgracia, mientras que si suben las posibilidades de Hillary Clinton, los mercados lo toman con alegría y hasta euforia.

Y en eso estamos hoy que es el día de la elección.

El electrocardiograma cambiario de las últimas dos semanas nos muestra ese preinfarto que recetó el FBI el 28 de octubre. Ahí se perdió la paz cambiaria de las semanas anteriores y el peso pegó un nuevo brinco a niveles cercanos a 19 pesos por dólar.

Durante el fin de semana, las encuestas acusaron recibo de este lance político del FBI y Donald Trump repuntó. No faltó la encuesta solitaria que ubicara al republicano por arriba de la demócrata a poco más de una semana de la elección.

El efecto fue inmediato y en combinación con esos otros factores adicionales, como la caída del precio del petróleo y hasta el derrumbe de las acciones de Facebook, provocaron que la paridad interbancaria del peso frente al dólar tocara en algún momento 19.53, un nivel ya cercano a sus máximos históricos.

En ese momento, todo lo que hacía falta era un par de encuestas más que confirmaran el viraje de la carrera presidencial estadounidense para conocer niveles nunca antes vistos de la relación peso-dólar.

Claro que los datos que llegaron fueron los contrarios a encuestas que si bien daban un margen menor a Hillary Clinton, sí mantenían a la demócrata por delante del republicano. La paz cambiaria se recuperaba con timidez.

Fue hasta este pasado fin de semana cuando el FBI, en otro lance político, se desistió de cualquier acusación contra Clinton cuando el peso se recuperó con fuerza.

Y así llegamos a este día de las elecciones, en donde pueden ocurrir tres cosas durante las próximas horas:

La primera es que gane Hillary Clinton por un margen que no deje dudas de su triunfo y la moneda mexicana tenga otra ligera apreciación. Ya no podría ser tanto porque ya descontó algo desde ayer y porque ahí están los otros factores presentes.

La segunda es que gane Donald Trump, contrario a las encuestas, y veamos un disparo en la paridad. Algunos calculan una pérdida cambiaria inmediata de hasta 4 pesos. Ahí tendríamos que ver la intervención de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México.

Y la tercera es que no haya ganador, se caiga el sistema, Donald Trump declare espuria a Hillary, haya pleito postelectoral, en fin. En ese escenario, lo mejor es que Dios nos agarre confesados.