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Nacional SEP celebra fallo de la Corte sobre venta de “comida chatarra” en planteles educativos
El titular de la SEP, Mario Delgado, destacó que, con esta determinación, la medida se mantiene vigente en todas las escuelas del Sistema Educativo Nacional (SEN), desde educación inicial hasta el nivel superior
Nacional Veracruz impulsa su campo y ganadería para fortalecer la soberanía alimentaria nacional
El gobierno de Veracruz fortalece la agricultura y ganadería con maquinaria gratuita, centros lecheros y sanidad animal para respaldar la soberanía alimentaria
Internacional Demuelen casa ligada a Pablo Escobar; era utilizada para consumo de estupefacientes y “satanismo”
La casa de Pablo Escobar estuvo durante años abandonada y se convirtió en foco de problemas de seguridad y convivencia
Internacional Una ola roja clama contra la violación en Cornell y exige la dimisión de su directiva
Estudiantes y profesores se concentraron cerca de Cornell vestidos de rojo para homenajear a la víctima, identificada como Jane Doe
Nacional Líder del CDN, uno de los señalados por el Departamento del Tesoro
“Takia” fue señalado como uno de los líderes involucrados en una operación para acribillar en 2017 a cuatro funcionarios de la entonces Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas que se rehusaron a recibir sobornos

En la introducción del libro Vicios públicos, virtudes privadas, Claudio Lomnitz advierte contra las generalizaciones históricas sobre la corrupción.

Ha existido siempre, pero de poco sirve decir que no ha cambiado desde la Colonia.

México enfrenta una corrupción mayor, pero distinta en su origen y en sus consecuencias de la que padeció, digamos, en la última fase del presidencialismo priista: 1982-2000.

La corrupción de antes tenía la forma de una pirámide. La de ahora tiene la forma de una metástasis. O de un embotellamiento.

Durante el fin de la hegemonía del PRI, la corrupción bajaba de la cúspide y escurría por laderas y terrazas hasta la base. La corrupción de ahora baja de los conductos paralelos de la dispersión democrática, a partir del generoso reparto de dinero federal que se hace desde el centro a los gobiernos estatales y municipales.

El nuevo mecanismo lo puso en marcha el presidente Fox en el año 2000, para obtener la colaboración política de la oposición, que no solo era mayoría en el Congreso federal, sino que gobernaba también la capital del país y casi todos los estados.

Entre 2000 y 2015, gracias a los altos precios del petróleo, el presupuesto federal creció 105 por ciento en términos reales: de 2.27 billones de pesos a 4.67 billones (un billón = un millón de millones). En esos mismos años, las transferencias a los estados crecieron de 682 mil millones a 1 billón 390 mil millones de pesos (Luis Carlos Ugalde: “La democracia multiplicó la corrupción, Nexos, num. 446, febrero 2015).

Con todo ese dinero, los presidentes de la democracia aceitaron al Congreso, el Congreso aceitó a los gobernadores y a los municipios, los gobernadores aceitaron a sus congresos locales, que les aprobaron todos sus gastos. 

Hubo dinero de sobra para hacer política. En particular, para aceitar a los candidatos de cada partido  con el dinero ilegal necesario para ganar, pues los topes de gastos electorales de la legislación vigente son una fantasía.

Resultados: piñata federal, parranda de gobiernos locales, subasta de la competencia democrática. Abundaré en esto la siguiente semana.