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La historia profesional ha desafiado en los últimos años los lugares comunes del mito de La Conquista de México. Empezando con la noción de que los conquistados fueron los indios y los conquistadores, los españoles.

Sin los conquistadores indígenas, los españoles no hubieran conquistado nada. Lo que llamamos La Conquista, emblematizada por la caída de Tenochtitlan, de la que esta semana se conmemoran 500 años, puede verse en realidad como una gran guerra mesoamericana de distintos señoríos contra la hegemonía mexica, en la que los españoles fueron un contingente inesperado, extraño primero, utilizado y bienvenido luego, por su capacidad inusitada de violencia y por la novedad de sus armas.

En el centro de esta visión de La Conquista como una guerra mesoamericana, más que como una aventura victoriosa del imperio español, hay una lectura menos mítica de aquellos hechos, un intento de recrear la verdadera complejidad de lo sucedido.

Y esto en todos los órdenes: bélico, político, cultural y hasta biológico y racial. Cómo fue posible, por ejemplo, respecto del lugar común del mestizaje, que tan pocos españoles, durante la conquista y en los siglos posteriores, pudieran engendrar a tantos descendientes y hacernos mestizos a todos.

Desmitificar y recrear la historia de lo que llamamos Conquista es fundamental para entender la sociedad que siguió a la caída de Tenochtitlan, eso que llamamos Nueva España, expresión también unitaria, tan redonda como La Conquista, que nos hace pensar como un periodo acabado lo que fueron tres siglos de una compleja historia de conflicto, convivencia y mezcla del mundo mesoamericano con lo que tardaría siglos en volverse algo parecido a un dominio español de ultramar.

Si a esta complejidad del proceso añadimos que, desde la caída de Tenochtitlan, aquel mundo fue arrasado por una interminable epidemia de viruela, que casi destruyó a la población indígena, lo que llamamos Nueva España se torna una expresión tan falaz, históricamente hablando, como La Conquista.

Los historiadores recientes han mostrado lo mal que conocemos todavía La Conquista y lo que siguió (ver aquí). Las conmemoraciones de este año nos muestran la simpleza demagógica que sigue siendo la piedra de toque de nuestra historia patria.