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No son pocos los gobiernos que se atan a productos tan volátiles como las materias primas. Ahí están los regímenes que han dependido del petróleo, si los precios son altos les va bien, cuando bajan los precios pueden llegar a caer.

Pero atar el desempeño de un gobierno a un índice bursátil sí es algo que habla sobre todo del desconocimiento de la naturaleza de los mercados de renta variable.

No hay un solo jugador serio en el mercado de valores de Wall Street en Nueva York que no estuviera consciente de la realidad de que el comportamiento alcista del precio de las acciones de manera sostenida desde inicios del 2009 y a la fecha debía encontrar un punto de inflexión y por lo tanto bajar.

El índice Industrial Dow Jones (DJI), como uno de los principales referentes de los mercados de renta variable neoyorquinos, había acompañado de manera frenética las expectativas de crecimiento de la economía estadounidense durante el primer año del gobierno de Donald Trump.

Sin grandes pausas, el DJI había subido desde los 19,900 a los 26,600 puntos a la vuelta de un año ante la expectativa de que la economía estadounidense estaba en proceso de expansión, con bajas tasas de inflación y con la promesa de una reforma fiscal que inundaría de recursos la economía estadounidense.

Donald Trump compró la bonanza bursátil y se subió al carro de las ganancias para hacerse propaganda.

No debería un presidente, en su sano juicio, hacer de un indicador tan volátil su medición de éxito y popularidad. Al menos no el día a día de un mercado.

El presidente de los Estados Unidos seguramente veía en la tele que el DJI alcanzaba constantemente máximos históricos y tuiteaba sobre esos récords y su correspondencia con su grandeza y éxitos interminables.

No se cansaba de comparar las ganancias de la Bolsa con su esplendor y de asegurar que los demócratas seguro hubieran provocado una caída en el precio de las acciones.

El Dow Jones se convirtió en la medición del éxito de Donald Trump… hasta que se derrumbó.

Después de estos días pasados, en que el indicador bursátil tuvo una corrección importante, salió presurosa la vocera de Trump a decir que el presidente está centrado en los fundamentos económicos de largo plazo.

Algo totalmente falso, pero seguro que necesario para controlar la inevitable comparación de un índice en picada contra un presidente tan cuestionado.

El DJI, junto con el resto del mercado bursátil estadounidense, goza de cabal salud a pesar del descalabro. La corrección responde a esos ánimos especulativos que dominan la búsqueda de las más altas ganancias y simplemente se ajustan a la realidad de una economía que crece y que normaliza sus niveles inflacionarios.

La economía estadounidense no apunta a tener mayores riesgos que distraigan su tendencia de crecimiento sostenido. Los mercados bursátiles tendrán que corregir y adaptarse a la realidad de una política monetaria neutra, donde la inflación esté presente.

Pero es inevitable ver a Donald Trump en la gráfica de la Bolsa, una picada que lo debe tener de un pésimo humor. Y todo por meterse a jugar con el peligroso fuego bursátil.

La Bolsa se va a recuperar eventualmente, pero el índice Trump quedó dañado.

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