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Son perlas negras que el presidente entierra en  el pantano de su conferencia matutina, pero ahí quedan para quien quiera verlas: en la semana que más atacó al árbitro electoral aquí, calló ante la instalación del régimen de partido único de su aliado Daniel Ortega.

Y, a través de su embajador, criticó a la mayor democracia del mundo, porque presenta rezagos en el respeto de los derechos humanos y de los derechos civiles, aunque en la elección del martes ganaron negros, afrolatinos, lesbianas, nativoamericanos…

En cambio, un atronador silencio con el aliado que asesina, roba y encarcela a mansalva en Nicaragua, quien en las elecciones controladas del domingo capturó las 153 alcaldías del país, implantando de una vez el régimen de partido único y autoritario.

El presidente de México fue de los pocos que aprobó el robo electoral de Ortega, quien se reeligió tras encarcelar a los candidatos rivales. A fiesta sólo fueron México, Bielorrusia, Cuba, Turquía, Venezuela, Vietnam, China, Corea del Norte, Irán, Rusia y Siria.

En cambio, el presidente de México estuvo 33 días sin reconocer el triunfo electoral de Joe Biden en Estados Unidos, pero le dio el Zócalo y el discurso principal de las Fiestas Patrias al gobernante designado de Cuba, quien nunca ha participado en una elección.

Pero el silencio ante la barbaridad cometida por Ortega el domingo no debe pasar desapercibido, porque Ortega hizo lo que pretende Morena: fue a las urnas con partidos políticos aliados, para simular una competencia y lavar la cara democrática.

Ortega ha logrado lo que busca aquí Morena pues, ya sabidos de quien iba a ganar, a los nicaragüenses del valió madres la elección y se registró una abstención de 82,7 por ciento, la misma en las que ganó Ortega, tras apresar a todos los precandidatos opositores.

Ayer, en su Mañanera, el propio presidente reveló que es la idea orteguista la que quiere para México, al aconsejar a quienes buscan ser políticos que la gente sin educación ni recursos es más leal: no le interesan las elecciones, porque al ver que siempre gana el mismo partido, las votaciones dejan de importarles.

La base del poder de Ortega son los militares, a quienes dio a manejar el dinero público en sectores como la salud, inmobiliario, construcción, ferreterías, hoteles y la industria farmacéutica, con activos que superan los cinco mil millones de dólares.

En los comicios del domingo, los militares nicaragüenses vigilaron a los votantes para evitar resistencias y obligarlos a que acudieran a las urnas, instalaron puestos de control y leyeron el padrón electoral para sacar a la gente de sus casas.

El sueño de Morena hecho realidad.

Por eso atacan la marcha del domingo en favor del INE.