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Mi columna del martes la terminé retando a quien deseara apostar conmigo, lo que quisiera, sobre lo que según yo es (era) inminente: la renuncia de David Korenfeld a la Dirección de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Argumenté a favor de mi desafío la percepción que tengo de que las circunstancias que han deteriorado la imagen del gobierno de Peña Nieto en los últimos siete meses no admiten un abuso más de autoridad, un acto de corrupción, como es el de usar los bienes de la nación como propios, que fue lo que ocurrió con el helicóptero de la Conagua, que trasladó a los familiares del director y a éste al aeropuerto para abordar el avión que los llevó al sitio donde vacacionaron. (Dos interrogantes: a pesar del escándalo desatado por el abuso en el uso de la aeronave, ¿la familia voló a su destino? ¿La pasaron bien?).

Mi apuesta, que desde antes de su publicación fue aceptada por el caricaturista Chavo del Toro, quien arguyó a favor de su postura la unión que existe entre los integrantes del grupo que está en el poder para dejar pasar y dejar hacer, no tuvo un solo participante que la jugara de mi lado.

El que más se acercó a mi posición fue el lector Cutberto Gaudazas, que comenzó dándome la razón. Inclusive puso el ejemplo de la hija de Humberto Benítez, cuya prepotencia propició el despido de su padre de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), de ahí que mi aseveración acerca del futuro de don David le pareciera lógica. Sin embargo, don Cutberto me hizo ver que Korenfeld fue alcalde de Huixquilucan cuando mataron a Enrique Salinas de Gortari, “situación que fue muy bien guardada y resguardada (…) y que cambia, en mucho, la sufrida por Benítez”. Terminó con un “acepto tu apuesta”. Lo que no me dijo es qué vamos a apostar.

Propone mi amigo Andrés que llamemos a Korenfeld Federman “Lord Conagua”, también, me dice, lo podemos nombrar “Sir Helicopter”. Yo le digo que está bien, no tanto porque me parezcan dos apodos sensacionales y la mar de chistosos. Apruebo la moción porque me parece más fácil pronunciar “Lord Conagua” y hasta “Sir Helicopter” que los dos apellidos del señor que hizo mal uso de la marca y perdió la confianza ciudadana.

Por cierto, es una lástima que a mi cuate Andrés no le interese la política porque verdaderamente tiene talento y perversión para esa oscura materia. Prueba de ello es la teoría que elaboró, a propósito del asunto de “Lord Conagua”, para darle credibilidad a la Secretaría de la Función Pública, a su secretario Virgilio Andrade y restaurar la imagen de Peña Nieto.

Dice Andrés que el primer paso de la operación sería repartir “chayotes” —dinero— sin taza ni medida a los periodistas de todos los medios, para que con sus comentarios le dieran mucho énfasis y realce a la amistad de David Korenfeld con el presidente Peña Nieto. Inclusive, propone, exageraría la intensidad del afecto entre ellos. Por un lado mandaría señales de la gran amistad que une a Peña Nieto con el director de la Conagua, amistad —me dice que ordenaría decir y escribir— que “es como una hermandad. En su círculo íntimo se dice que Peña Nieto ha llegado a sugerir darle foco a otro escándalo para atenuar el de su amigo del alma”. Por otro lado, y por medio de los columnistas comprados, haría correr rumores como “ayer en (aquí el nombre de un abrevadero de moda) se reunieron para comer y hacer grilla varios políticos, entre ellos David Korenfeld, quien al calor de los brindis del anochecer les confió a los comensales que su amiguísimo Enrique le prometió borrón y cuenta nueva por el incidente del helicóptero”.

Y así exagerarían las notas hasta persuadir a los ciudadanos que otra vez se iba a imponer el apotegma: “Amistad que no se demuestra en la nómina es pura demagogia”. En eso saldría a los medios Virgilio Andrade a gozar de sus 15 minutos de fama. Él declararía con toda la rimbombancia del caso: “A pesar de que se ha dicho que he recibido señales de las alturas para exonerar al señor Korenfeld de su evidente e inexcusable falta, deseo manifestar que nadie, absolutamente nadie, va a provocar que yo consienta ninguna violación de la ley ni conflicto de intereses. Por lo tanto, conmino al señor Korenfeld a renunciar a su cargo y someterse a lo que marca la ley. Aprovecho para reiterar categóricamente que conmigo no valen ni amistades ni jerarquías. Aquí el culpable es culpable, sea quien sea”.

Entonces, según Andrés, con su grupo de chayoteros se dedicaría a especular que “este Virgilio no se anda con chiquitas; de seguir así se le va a tirar a la yugular a Peña y a La Gaviota”. Ya preparado el terreno, saldría de nuevo Virgilio a los medios para declarar “que la dependencia a mi cargo a investigado exhaustivamente los asuntos de la llamada Casa Blanca y no ha encontrado la más mínima falta administrativa ni el más minúsculo conflicto de interés y a ustedes les consta que para mí no hay amistades ni jerarquías. Hoy demuestro una vez más que en este país y para la Secretaría de la Función Pública no hay intocables”.