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La inesperada, abrumadora, elección del líder del partido laborista Jerry Corbyn, (59% de los votos), ha sacudido a la Gran Bretaña y a la izquierda europea. Los laboristas han elegido a un héroe de la vieja guardia, un parlamentario que ha ganado siete veces las elecciones en su distrito londinense de Inslington North y está en el parlamento, interrumpidamente, desde 1983.

Corbyn, de 66 años, cruzó la era neoliberal de Thatcher y la neolaborista o social liberal de Blair, la famosa “tercera vía”, sin moverse de sus viejas creencias en el sindicalismo tradicional, el pacifismo antiestadunidense, la intervención del estado en la economía y el “euroescepticismo”.

Corbyn ha sido celebrado en sus viejas ideas por una oleada de jóvenes laboristas, agraviados por la reciente victoria de los conservadores por mayoría absoluta.

La nueva oleada atribuye la derrota al desdibujamiento de la identidad laborista, perdida según ellos por la convergencia de la “tercera vía” de Tony Blair y Gordon Brown con la agenda neoliberal.

Como en España con Podemos y en Grecia con Syriza, el movimiento inglés, que regresa a fórmulas socialdemócratas de los años 70 del siglo pasado, tiene su origen en el rechazo a las políticas de austeridad resultantes de la crisis de 2008.

La bandera mayor de Corbyn, que no usa coche, anda en bicicleta y no cree en la monarquía, ha sido que el déficit público debe atacarse con más impuestos a los ricos y no con recortes al estado de bienestar.

La BBC resume su ideario en cinco puntos: más impuestos para los ricos, más propiedad estatal (renacionalización de los ferrocarriles), fin a la participación privada en los servicios de salud, un nuevo sistema nacional de educación pública y una agenda de “crecimiento sí, austeridad no”.

Dicen que en el campo conservador se oyen todavía las risas por la elección de este dinosaurio laborista que garantiza desde ahora la derrota de su partido en las elecciones de 2020.

La ofensiva mediática de los mismos conservadores contra Corbyn dice otra cosa: les preocupa el dinosaurio a tal punto que el primer ministro Cameron lo ha descrito ya como “un peligro para la Gran Bretaña”.

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