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Si usted lee por ahí que “los analistas” ven que el peso llegará a los 15.80 por dólar y en una de esas a los 16, de lo único que puede estar seguro es de que quien lo publica tiene dólares que seguro compraron por debajo de los 15 y buscan sacar alguna ventaja cambiaria en el río revuelto.

Es verdad que hoy se ve más difícil el regreso del superpeso a que se mantengan las presiones devaluatorias de la moneda, pero no hay forma de ponerle con seriedad una cotización estimada.

Los precios del petróleo podrían ya haber tocado fondo en medio de los recortes que aplican los productores y los efectos de la especulación financiera en los mercados donde se negocian los contratos de hidrocarburos.

Entre el viernes y el miércoles vimos muy bien cuál es el efecto del precio del petróleo en la cotización de la moneda mexicana. Pasó, en modalidad de menudeo, de los 15.15 el viernes a los 14.95 el martes y de regreso a los 15.13 el miércoles, en un espejo del fenómeno especulativo que sufría el precio del petróleo.

No hay manera de anticipar un poco de paz para el mercado cambiario por algún tiempo, porque además de los altibajos en los precios de los energéticos, estamos en la antesala del aumento de las tasas de interés en Estados Unidos.

El sentido común apuntaría a que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) no debería iniciar el proceso de incremento de las tasas de interés hasta que no se consoliden datos económicos tan importantes como una elevada generación de empleos, una marcada baja en la tasa de desocupación, un sostenido incremento en la confianza de inversionistas y consumidores y un claro despegue de las tasas de consumo y producción.

Ya sean estos datos de evidente crecimiento o bien alguna presión inflacionaria que obligara al banco central a limitar los dólares destinados al gasto.

Hoy no hay nada de eso, ni un aumento sostenido e incuestionable de la actividad económica ni alguna ligera presión inflacionaria.

Pero ambas cosas pueden ocurrir. Y así como el gobierno federal mexicano presume que el recorte al presupuesto no era necesario, pero lo aplicó como una medida preventiva ante las expectativas de no contar con los ingresos suficientes el próximo año, así la Fed podría optar por un primer incremento preventivo para empezar a emparejar el piso entre el crecimiento y las tasas de interés de una manera tersa.

No hay que perder de vista que para Estados Unidos no hay otra prioridad que su propia economía, tiene sin cuidado a la Fed si con sus movimientos monetarios provocan turbulencias externas. Finalmente no es una sorpresa para nadie que en cuanto haya un mejor premio para las inversiones en dólares habrá una parvada de capitales regresando a la seguridad del dólar.

Podría, pues, el banco central estadounidense optar por un aumento preventivo en medio de una coyuntura favorable, para que cuando esté en pleno vuelo la economía sea algo natural que la tasa de interés de referencia ya no esté en el cero actual.

Esta visión está presente entre algunos integrantes de la Reserva Federal y podría cobrar fuerza. Y así como nadie puede anticipar con seriedad que los dólares lleguen a 16, así es imposible meterse en la cabeza de los tomadores de decisiones de la Fed, pero sí hay que consignar que el tema sí lo tienen sobre la mesa.