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Los debates representan ocasiones únicas para que el electorado pueda ver a los candidatos enfrentarse y contrastar ideas. “¿Quién ganó?” suele ser la pregunta que ocupa a analistas y a la opinión pública después de cada uno de estos encuentros. Sin embargo, la cuestión solo adquiere relevancia y trasciende lo anecdótico si hay evidencia de cambios en las preferencias electorales.

Entre todos los debates presidenciales que se han realizado en México, únicamente se distinguen dos que lograron modificar significativamente las encuestas: el de 1994 y el primero de 2006.

El 12 de mayo de 1994, Diego Fernández de Cevallos sorprendió al dominar una disputa que previamente parecía centrada en Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc Cárdenas. Según la serie de encuestas publicadas ese año por la revista Etcétera, el desempeño de Fernández de Cevallos en el debate se tradujo en un aumento de 18 puntos porcentuales en las intenciones de voto a su favor.

Doce años más tarde, el 25 de abril de 2006, otro debate también alteró las tendencias. Esa vez no fue por un hecho sorprendente, sino por uno extraordinario: la ausencia de Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo con Consulta Mitofsky, López Obrador perdió cuatro puntos porcentuales, los mismos que ganó Felipe Calderón. Esto puso la contienda en un empate técnico.

Ningún otro debate ha tenido un impacto similar en las preferencias electorales. El desempeño de Ricardo Anaya este domingo seguramente le dará un nuevo impulso a su campaña y probablemente lo deje como el principal contendiente de López Obrador. Sin embargo, no veo en este encuentro nada tan sorprendente o extraordinario como lo que atestiguamos en 1994 o 2006. Creo que la apuesta conservadora de López Obrador fue la correcta para mantener su ventaja.

No dudo que las encuestas registren ajustes, pero difícilmente serán tan radicales como para modificar el escenario electoral. Al menos no por el momento, pues hay que recordar que aún faltan dos debates y 70 días de campaña; un largo trayecto en el que todo puede cambiar.