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Las matemáticas ya no dan más. Por eso esta semana, quizá tan pronto como hoy mismo, el Banco de México debería tomar alguna acción adicional para apuntalar la paridad del peso frente al dólar y de paso frente al euro.

Cuando el peso empezó a depreciarse durante el último trimestre del año pasado, la sensación generalizada era que se trataba de un comportamiento temporal, que pronto el peso habría de regresar a los niveles previos.

No había por qué pensar de otra manera ante la experiencia de los años anteriores, cuando incluso en la peor parte de la gran recesión del 2009 el peso había perdido un valor que en los meses siguientes recuperó de manera notable.

Cuando llegó el año nuevo 2015 y el peso no había retomado los 13 por uno al que nos acostumbramos, llegó la explicación del cambio estructural en la política monetaria de Estados Unidos y que el futuro regreso al incremento en las tasas de interés en ese país tras una década de no hacerlo tendría un impacto que costaría.

Fueron los momentos de recordar que mientras el precio del petróleo se mantuviera tan castigado, una economía dependiente como la mexicana tendría que pagar su cuota con la paridad.

Llegaron los meses en que la depreciación hizo una pausa, los precios del petróleo se estabilizaron y parecía que estábamos ante el recuerdo de un pico de la relación peso-dólar en un nivel de 15 por uno que atesoraríamos en los malos momentos financieros del país.

Eran los días en que presumíamos que había otras monedas peores, que nada le había pasado al peso frente al euro y que eran muchos más los que estaban peor que nosotros.

Y en ese exceso de confianza estábamos cuando en algún momento quedó claro que el peso mexicano podría ser una víctima relativamente sencilla de la especulación ante el monto de posiciones negociadas de una moneda popular pero con una economía no tan sólida como se presume. Y llegó el ataque.

De los 15 a los 17 pasó un pestañeo y los 200 millones diarios ofrendados al mercado, más los 200 extra colocados en la emergencia de una depreciación diaria, fueron bebidos como un sorbo de agua.

Vamos, el peso se está quedando corto todos los días entre 2,000 y 2,500 millones de dólares en el mercado, por lo tanto 400 millones son una cosquilla imperceptible.

Así que hoy, con la inflación de la primera quincena en la mano, el Banco de México debe decidir qué hacer.

Si junto con la Secretaría de Hacienda, en la Comisión de Cambios, decide aumentar a 400 o a 600 los millones de dólares a colocar en el mercado todos los días; o bien, si desde su Junta de Gobierno opta por frenar el ataque especulativo al peso con el costo del dinero.

Ya no hay duda de que los dólares arriba de los 17 le cambian el panorama a todos los agentes económicos, que sin duda como una medida preventiva iniciarán un aumento de precios.

El Banco de México está en el punto en el que los números no se lo dicen, pero en que la percepción general ya cambió y se juega una estabilidad y un prestigio conseguidos con mucho sacrificio.

Los dólares a 17.50 y subiendo deberían ser intolerables para todos, incluido el gobierno federal, vía Hacienda, y por supuesto para el Banco de México. Así que el pronóstico es que hoy veremos al Banxico en acción.