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El debate sobre la revocación de mandato empieza a activarse.

El Presidente ha sugerido ya a la oposición aprovechar la figura para aliarse en su contra y poner fin a su gobierno. Extraña convocatoria: únanse para derrotarme. Luis Carlos Ugalde ha publicado en la prensa una primera pieza analítica sobre el tema explicando por qué hay que rehusarse a la consulta (https://bit.ly/37AmRvb).

Sus razones son muy sólidas, en mi opinión: Para empezar, se trata de una consulta que violaría el principio de no retroactividad de la ley. La figura de la revocación debería entrar en vigor hasta el siguiente sexenio, no en este, porque en este se legisló.

No fue, por tanto, una de las reglas bajo las que fue elegido el Presidente en 2018. Aplicarla en 2022, a medio sexenio, sería burlar el sentido de la voluntad ciudadana que eligió en 2018 a un presidente por seis años, no a uno cuyo mandato podría revocarse al cuarto.

El Presidente y los poderes del Estado deben cumplir ese mandato, no sujetarlo a revisión.

El mandatario electo en 2018 debe terminar sus seis años de gobierno, sigue Ugalde, para cumplir la tarea y los tiempos para los que fue electo, sin que hubiera entonces la posibilidad de separarlo del puesto en un plebiscito. La figura de la revocación de mandato introduce una incertidumbre política cuyos efectos son todos indeseables para la normalidad y la estabilidad del gobierno, dice Ugalde.

En todos los casos tendría un efecto de polarización y conflicto: lo mismo si el Presidente no es revocado que si es revocado, igual si se reúnen los votantes necesarios para que la consulta sea vinculante (40 por ciento) que si no. La convicción de Ugalde es que la oposición no debe promover esa consulta.

Yo estoy de acuerdo en esto, pero no es la oposición quien decidirá si hay o no consulta, sino el Presidente. Una vez planteada la contienda, el dilema para la oposición será si actúa o no, si le deja todo el campo al Presidente o acude al plebiscito. Ugalde cree que la oposición debe abstenerse del todo y desinflar la consulta ignorándola. Yo, la verdad, tengo mis dudas.