El mensajero

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Héctor Aguilar CamínDía con día

No un aspirante presidencial, no un secretario con agenda propia, sino un Mensajero de Palacio

Es posible que el nuevo secretario de Gobernación haya sido nombrado para que funcione, sobre todas las cosas, como el mensajero del Presidente.

Suena a disminuir el puesto, pero quizá sea al revés, pues le da al titular de la dependencia un poder que no ha tenido hasta ahora, el de ser transmisor literal de la voluntad del Presidente.

No un aspirante presidencial, no un secretario con agenda propia, sino un Mensajero de Palacio.

La función de mensajero, tanto de ida como de regreso, hará que sus interlocutores escuchen lo que el secretario tenga que decir como si lo estuvieran oyendo del propio presidente, con la ventaja enorme para éste de no ser él quien lo dice de frente y no tener que ver en persona a todos los políticos a los que quiere mandarles un mensaje directo.

La condición de mensajero áulico vale lo mismo para pastorear a los políticos del oficialismo —funcionarios, gobernadores, legisladores— que para contener y domeñar a la oposición.

Muchos mensajes directos, directísimos, querrá enviar un presidente que, como López Obrador, arranca la segunda mitad de su gobierno doblando sus apuestas, endureciendo el tono y dispuesto a organizarse un plebiscito de revocación de mandato.

El ex gobernador de Tabasco reúne las condiciones para ser el transmisor de la voluntad política pura y dura del Presidente. Porque el Presidente le tiene confianza personal y cree en su lealtad de hierro.

También porque es hombre y, finalmente, porque es tabasqueño y puede llevar los mensajes en su forma literal creíble tal como salen de la boca del Presidente, hasta los oídos que deben escucharlos, asunto de intensidad léxica inalcanzable para una defeña secretaria de Gobernación como Olga Sánchez Cordero.

Al entrar a la segunda mitad de su gobierno, el Presidente ha subido el tono de su discurso público. Algo semejante estará sucediendo con sus palabras y sus instrucciones en privado.

Al Presidente le urge un transmisor político más que un operador, porque si algo está claro a estas alturas de la pelea es que el operador político directo en lo que le falta de sexenio, por parte del gobierno, será el mismo Presidente.

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