Minuto a Minuto

Economía y Finanzas Ebrard informa a diputados sobre avances en negociaciones comerciales con Estados Unidos
Sostuvo que bajo el liderazgo de la presidenta Sheinbaum, México es el país con las mejores condiciones para acceder al mercado de EE.UU.
Nacional Sheinbaum califica de “muy oportunista” el respaldo del PT a protesta del IMSS
"Muy oportunista, la verdad, por decirlo menos”, respondió al ser cuestionada sobre el uso político de las demandas laborales
Nacional “Ni lo intentes”: EE.UU. advierte a migrantes que serán detenidos aun si van en caravana
La Embajada de EE.UU. en México expuso que durante la administración del presidente Trump todas las caravanas migrantes han sido desmanteladas
Nacional Enfrentamiento en tianguis El Salado de Iztapalapa deja una mujer muerta
Una mujer murió como víctima colateral de un enfrentamiento armado en el tianguis El Salado de la alcaldía Iztapalapa
Deportes Raúl Jiménez será operado y estará fuera de las canchas hasta 2027
El delantero mexicano Raúl Jiménez tiene una lesión en la rodilla izquierda, por lo que se operará y volverá a la actividad hasta 2027

Durante casi medio siglo, entre 1943 y 1989, la Ciudad de México albergó, en uno de sus más bellos espacios, junto al barrio de Chimalistac, en San Ángel, un enorme monumento dedicado a honrar la memoria y custodiar el brazo derecho, guardado en formol, del general invicto de la Revolución Mexicana Álvaro Obregón.

En un libro de Pedro Castro, Y la Revolución Mexicana devoró a sus padres (Edición Kindle), he encontrado la crónica, macabra y desternillante, del viaje por la historia de aquel brazo, desprendido por una metralla durante la batalla de León el 3 de junio de 1915.

Lo terminaron de cortar, pues pendía de piel y cartílagos a la altura del hombro, Cecilio López y el doctor y general Osornio, y fue puesto en formol y entregado a Sanidad Militar, de donde lo reclamó para su custodia el pariente y subordinado de Obregón, Francisco Serrano. Serrano era hombre de fiestas y en una de ellas olvidó el brazo sagrado del general en los brazos profanos de sus acompañantas.

El doctor Osornio, que se sentía de algún modo autor del brazo cercenado, siguió la pista de las “féminas” y encargó a otra, de su confianza, que lo recuperara en la casa de placer donde estaba en Sinaloa.

La encargada, una bella y alta sinaloense llamada Elodia, recuperó el brazo, y lo entregó en la Ciudad de México al doctor Osornio, quien a su vez se lo ofreció a Obregón.

Con humor característico Obregón respondió: “Se lo regalo. A ver qué hace con él”. Elodia se quedó con el brazo, que tuvo su primer nicho de exhibición en la casa de citas donde oficiaba, famosamente activa en las calles de Insurgentes.

Los parroquianos, con frecuencia militares revolucionarios, disfrutaban de la vista del brazo y hasta se lo lanzaban entre ellos en los puntos altos de la borrachera.

Finalmente, el propio doctor Osornio entregó el brazo a la plana mayor de los obregonistas, cuyo sumo sacerdote era Aarón Sáenz, y estos se encargaron de diseñar y hacer el monumento, donde el brazo encontró su primer reposo patrio.

En 1989, sensatamente, el brazo fue retirado del monumento, incinerado y reintegrado a los otros restos del general, en su tumba de Huatabampo.