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Se cierne sobre los cielos de la Ciudad de México la amenaza de una tormenta perfecta. La causa es el rediseño del espacio aéreo que le dio cabida a la operación simultánea del AIFA y el AICM.

Las alarmas públicas se prendieron por el video de un avión de Volaris que abortó su aterrizaje porque iba a estamparse en la pista con otro avión de Volaris, todavía estacionado ahí. Anteayer, Azucena Uresti refirió en MILENIO TV un incidente similar al de Volaris, pero de Aeroméxico con United Airlines.

El espacio aéreo de la ciudad se ha vuelto una cuadrícula riesgosa.

La cifra de aterrizajes abortados se ha duplicado, pasando de 3 a 6 por cada mil vuelos. Los medios se han llenado de explicaciones de conocedores sobre los componentes de la tormenta perfecta. Destaco tres:

Primero, el rediseño del espacio aéreo hecho para que funcione el AIFA, que no opera, pero que, conforme opere, lejos de resolver el problema, lo agravará, porque cabe forzado en el espacio aéreo, y a más vuelos, habrá más riesgos.

Segundo, la falta de capacitación de los controladores aéreos para enfrentar la nueva situación, y su sometimiento laboral a un régimen de responsabilidades y horas de trabajo excesivas.

Tercero, el desorden en la administración del uso del aeropuerto, que ha relajado la disciplina de horarios que le permitía aterrizar un avión casi cada minuto.

Hay los mismos vuelos que en 2018, pero la saturación se multiplica: aviones haciendo tiempo en el cielo para poder aterrizar, vuelos retrasados sistemáticamente, largas colas esperando la entrega de equipajes o el paso de migración.

Nada de esto es una sorpresa, todo había sido advertido con precisión hace tiempo. Empezando por el diagnóstico de que no cabían en el mismo espacio los dos aeropuertos.

Terminando, hace un año, con la degradación de calidad 1 a calidad 2 del AICM, por la autoridad internacional en la materia.

El miedo puede ahora agravar las cosas, volver el AICM un aeropuerto a evitar, por sus riesgos objetivos y por el pánico subjetivo de los usuarios.

La solución del problema ha sido puesta en manos de un conocido experto en la materia: el secretario de Gobernación.