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Nos hemos comprado la visión de los mercados sobre los efectos perniciosos de un cambio en la política monetaria de Estados Unidos.

Llegamos al grado de sentir alivio, si no es que alegría, cada vez que se publica un mal dato de la economía estadounidense. Si, por ejemplo, se crean menos empleos de los proyectados, festejamos que las bolsas reaccionen positivamente en el entendido de que esto implica menos pretextos para la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) para subir sus tasas de interés.

La adicción a la liquidez que otorga no premiar el ahorro en dólares se ha vuelto una enorme adicción para los mercados que no desean el final de la fiesta del dinero regalado que alimenta los máximos históricos bursátiles y las burbujas de aumento de las deudas de los mercados emergentes.

La realidad es que ya es muy borrosa la frontera entre la conveniencia de mantener las tasas tan bajas o continuar con el proceso de normalización de la política monetaria de Estados Unidos, iniciada en diciembre pasado.

La economía estadounidense está creciendo quizá de manera dispar y con altibajos, pero sin duda con todo y su mediocridad está en expansión.

El primer riesgo que enfrenta la Fed al postergar el camino de alza de las tasas de interés rumbo a una neutralidad en torno a 2% de rendimiento es que la inflación repentinamente se presione y obligue al banco central a reaccionar de forma apresurada y nos olvidemos, entonces sí, de la gradualidad prometida.

Y puede ocurrir, los energéticos se han mantenido estables en sus precios pero son tan volátiles como los octanos de la gasolina; sin embargo, hay un nuevo factor a tomar en cuenta. Durante varios años el índice de precios de alimentos del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación se había mantenido a la baja, pero en meses recientes se ha presionado con alzas importantes.

Pero hay otro factor que implica un riesgo para el crecimiento económico y, de hecho, tiene tintes de problema social.

Hay muchas familias, en especial personas de la tercera edad que dependen de los rendimientos de sus instrumentos de ahorro y retiro para mantener su nivel de vida.

Para entender a este grupo de ciudadanos, podemos recordar el lugar común mexicano que hace referencia a las viudas que viven de sus rentas. A los que tienen pagarés bancarios, a los que viven de los intereses de sus inversiones.

Los tiburones de Wall Street cazan todos los días los rendimientos y ganan y pierden millones en ello. Los ahorradores tienen un depósito y un rendimiento afectado por las tasas de interés en cero.

La tasa de reposición de los ahorros de un importante grupo de estadounidenses se ha mantenido negativa durante varios años y eso se convierte en un foco de atención para el consumo y, de hecho, un foco de tensión política. La Fed debe considerar los efectos de mantener tasas de interés negativas, porque, como sea, la inflación ya está subiendo.

No todo es la visión de los mercados y sus reacciones, hay factores que ya invitan a que la Fed retome su proceso de neutralidad gradual, ahora que tienen tiempo de hacerlo sin los sobresaltos del calentamiento inflacionario.