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¿Que Alemania es flexible con Grecia? Pues sí. Puede darle a escoger si prefiere cortarse un brazo o una pierna y le da la oportunidad de que por ahora no se corte las dos. Pero de suspender pagos, hacer una quita o dar concesiones en contra de las leyes de mercado, ni hablar.

Ni los más férreos alemanes quieren que Grecia se salga del esquema de moneda única del euro, porque implicaría pinchar un globo que está lleno de combustible. Pero ni los más progresistas fuera del país helénico creen que sea conveniente algún incumplimiento.

El nerviosismo de los mercados se ha incrementado esta semana porque las posiciones se alejan ante la realidad de que, sin los cambios profundos que el gobierno de Atenas tendría que aplicar, está cerca de no tener dinero para pagar sus deudas.

Qué tanto es tantito, dirían algunos desde México ante la propuesta del gobierno radical de Grecia de quitar parte de su deuda para que no se tuvieran que salir de la zona euro.

La crisis helénica es sin duda financiera y tiene que ver con los manejos desaseados de los recursos durante muchos años de bonanza que taponaron las arterias presupuestales de uno de los países más débiles del esquema de moneda única.

Porque además de la parte financiera y económica que implicaría el quebranto de la zona euro, lo que se juega en estos momentos en torno a la crisis griega es un mensaje político de cómo habrá de componerse Europa en los años por venir.

Los griegos, en su desesperación de ver cómo pierden lo poco que habían ganado con su incorporación al esquema de la moneda comunitaria, giraron radicalmente a la izquierda y le dieron el poder a una opción de gobierno que lo primero que hizo al llegar al poder fue mandar al diablo a las instituciones europeas.

Pero la realidad es cruda y ha ubicado a Alexis Tsipras y el resto de sus camaradas de Syriza en la irrefutable circunstancia de que si alguien les prestó dinero cuando más lo necesitaban, es indispensable pagar esos recursos.

Es obvio que si el gobierno populista griego somete a referéndum el pagar o no la deuda externa, arrasará la opción de guardar ese dinero para el bienestar de los griegos, porque nadie les explicará que dejar de pagar es la garantía de una condena de pobreza más prolongada.

Pero si al final triunfa la opción de flexibilizar las reglas financieras para que a Grecia se le conceda una quita o una prórroga, lo que podrán ganar es no romper el bloque monetario. Pero al mismo tiempo mandarían el mensaje de que el radicalismo es redituable.

Si Alemania accede a la flexibilización frente al gobierno de Syriza, que se preparen para la renegociación futura con el gobierno español de Podemos, o cualquier otra alternativa radical de las que ahora hacen sombra en Europa.

Deben ayudar a Grecia pero de una forma creativa y aceptable para los estrictos mercados.

La salida a la crisis griega tiene que ser creativa para encontrar un punto intermedio entre el combate a la pauperización de los griegos y la necesidad de no suspender pagos. Pero al mismo tiempo tiene que ser eufemística para que términos como quitas, suspensión de pagos y descuentos no afecten el estado de ánimo de los estrictos mercados.