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Foto de El Economista

¿Cuándo aprobará el Congreso de Estados Unidos el T-MEC? Hace algunas semanas, la respuesta a esta pregunta parecía obvia: en algún momento del 2019. Los más optimistas se atrevían a pronosticar que podría haber humo blanco en el primer semestre de este año. Los cautelosos ponían el otoño como plazo fatal. Casi nadie pensaba en el 2020 o más allá.

Ha llegado el momento de revisar los plazos. Existe un riesgo creciente de que el T-MEC no se apruebe en el 2019. En primer lugar porque los demócratas han dejado claro que no están dispuestos a apoyar el acuerdo alcanzado por el equipo de Donald Trump. Ellos tienen la mayoría en el Congreso y ven las ventajas políticas de ser críticos. Exigen un tratado más exigente en los aspectos laborales, con garantías de que México implementará todo aquello en lo que se ha comprometido: democracia sindical y mejora en las condiciones de trabajo, entre otras cosas.

El segundo aspecto que complica el calendario del T-MEC tiene que ver con el deterioro de la relación entre Estados Unidos y China. No se trata de un tema nuevo, pero hemos llegado a un territorio desconocido. El intercambio de obuses en forma de alzas en los aranceles deja claro que las amenazas retóricas quedaron atrás. Las bolsas de valores caen porque el conflicto implica disrupción de cadenas productivas y problemas de ventas para cientos de empresas, entre ellas Apple, Lenovo, GM y Boeing.

La agudización del conflicto acapara la atención de los equipos de comercio internacional del gobierno de Estados Unidos. Para qué ocuparse del T-MEC, si la guerra con China es la prioridad máxima de la Casa Blanca. Es un asunto comercial, pero también geopolítico. En la punta del iceberg, la disputa parece relacionada con el cuantioso superávit comercial que tiene China. Por debajo de la superficie, está claro que el diferendo tiene que ver con quién tendrá la hegemonía económica mundial.

Por todo esto, es normal que el T-MEC haya pasado a un segundo plano. La Casa Blanca no promoverá el acuerdo con México y Canadá, mientras no esté resuelta la crisis con China. Sus socios de América del Norte son importantes, pero no entran en la categoría de amenazas. Los focos están en China.

Una tregua con el Dragón podría darse antes de que termine mayo. En otro escenario, el conflicto quedaría como una historia para aprovechar en las elecciones presidenciales del 2020, en Estados Unidos. El primer escenario serviría para México, porque daría tiempo para la aprobación del T-MEC en el 2019. Para fines prácticos, el Congreso estadounidense necesita alrededor de 120 días para analizar, discutir y votar el tratado comercial. La fecha límite parece ser fines de junio, ¿por qué? Más allá de ese plazo, hay un riesgo enorme de que se empalme la discusión del T-MEC con el comienzo formal de la competencia electoral en Estados Unidos.

Si el T-MEC no está aprobado cuando empiecen las campañas electorales de Estados Unidos, lo más probable es que el proceso legislativo se postergue hasta después de las elecciones, que serán en noviembre del 2020. Esto sería muy peligroso para México, porque sólo tendría el TLCAN para “administrar y arbitrar” el comercio con Estados Unidos. ¿Por qué eso es un problema? Porque Donald Trump detesta el TLC y nos hará la vida de cuadritos, por obra y gracia de él. Habría volatilidad cambiaria y turbulencias. Mínimo.