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La Unión Europea no está diseñada para lidiar con alguien dispuesto a romper las reglas.

Alexis Tsipras es jugador de póquer. Por eso, tiene al mundo financiero preguntándose si su radicalismo es un bluff. En caso de que no lo sea, Europa entrará en zona de turbulencias. La Unión Europea no está diseñada para lidiar con alguien dispuesto a romper las reglas.

Syriza es el primer partido que gana una elección en Europa a partir de una propuesta de rechazo rotundo a los términos planteados por la troika, ese triunvirato integrado por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. El proyecto que encabeza Alexis Tsipras no pretende una renegociación light de una deuda que asciende a 240 mil  millones de euros, 170 por ciento del PIB griego. Exige una reducción sustancial del principal de esa deuda. No ha presentado una propuesta técnica, pero ha demostrado que sabe manejar con astucia el mensaje político y aprovecharse del sentimiento antialemán. Irónicamente, Syriza toma como modelo el plan de condonación de pasivos que se aplicó a Alemania, al final de la Segunda Guerra Mundial.

Tsipras ha designado como ministro de Hacienda a un académico identificado con posturas izquierdistas radicales. Se llama Yanis Varoufakis y es alguien que no viene de los círculos donde normalmente se desarrollan los ministros de Hacienda. Profesor de la Universidad de Texas, no tiene experiencia práctica en altas finanzas. Es crítico de la troika y tiene la realidad a su favor, cuando se trata de enfatizar los nefastos resultados de las políticas ordenadas por el triunvirato. La economía ha caído 25 por ciento desde el 2009. En el mismo periodo, la deuda externa creció de 120 a 170 por ciento del PIB; el desempleo se multiplicó por tres y los sueldos cayeron 40 por ciento en promedio.

La troika no cederá fácilmente. Si la retórica de Tsipras y Varoufakis es desafiante, también lo es la respuesta de los acreedores de Grecia y de las autoridades alemanas. No están dispuestos a dejar que un pequeño país de 10 millones de habitantes imponga condiciones. “No podemos hacer excepciones para países específicos”, dijo Christine Lagarde, directora del FMI. Grecia debe ratificar su compromiso de cumplir con sus obligaciones, eso no es negociable, dicen los representantes del Banco Central Europeo. El gobierno de Merkel tiene preparado un plan, por si Grecia sale de la zona euro, reveló el semanario alemán Der Spiegel. Ante Atenas, la línea es dura y el rostro, severo. Enseñan los dientes. El programa de estímulos monetarios anunciado la semana pasada excluye a Grecia en una primera fase. No hay recursos para que el Banco de Grecia compre bonos de deuda griega.

Alexis Tsipras sabe que su poder de negociación depende de su capacidad de convencer a la troika y a Alemania de que Syriza no es un movimiento de fanáticos, sino la expresión más clara de que las políticas de austeridad han llegado a un límite. Obligar a Grecia a tomar más deuda para pagar el servicio de la deuda acumulada es políticamente insostenible.

En el 2015, Grecia significa un riesgo de contagio, aunque ahora es político, no financiero como lo fue en el 2013. Si le va bien a Tsipras y Syriza, crecerán las posibilidades para España y abonaría el terreno para el crecimiento de movimientos antiausteridad en Portugal o Italia. El problema es que Europa no está preparada para lidiar con una rebelión generalizada de deudores. Por eso, es importante saber si Tsipras está jugando un bluff.