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De un tecnócrata escarmentado escuché que un gobierno eficaz con un mal programa es preferible a un gobierno ineficaz con uno bueno.

La eficacia del gobierno puede disimular la baja calidad de su proyecto, mientras que su ineficacia traba hasta sus buenos propósitos.

Digo esto en seguimiento de la conversación que tengo con Luis Rubio a propósito de la dificultad de ejecución del programa de reformas del gobierno de Enrique Peña Nieto, todas las cuales tienen plazos largos de maduración y rendimiento.

Concediendo la realidad de estos plazos, Luis ha hecho un nuevo hincapié en que lo importante, lo prioritario hoy, no son las bondades potenciales de esas reformas, sino las acciones de gobierno que las hagan posibles.

Poner el acento en el largo plazo de las reformas, dice Rubio, puede ser “una excusa singular para justificar que no se tomen las difíciles decisiones de implementación que entraña alterar el estatus quo”. (“Gobernar”, Reforma, 17 mayo 2015).

No es el espíritu de mi argumento justificar al gobierno que tiene buenos propósitos pero aplaza decisiones. Todo lo contrario: precisamente porque las reformas son ambiciosas, su ritmo de ejecución puede no ser rápido pero debe ser visible.

Que las reformas sean de larga maduración no quiere decir que no deban dar indicios palpables de que empiezan a cumplirse. Solo en esos avances paso a paso puede fincarse la credibilidad de que hay un punto de llegada real.

El problema inmediato de gobernar no es que el país se esté deshaciendo, sino que el gobierno no puede mostrar que lo conduce hacia las reformas que ha legislado.

Las calamidades asociadas a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, por ejemplo, a la que se le caen hasta los satélites que contrata, no son el mejor augurio de que habrá la infraestructura moderna prometida.

Coincido con Luis Rubio: la tarea mayor de este gobierno es la de aplicar las reglas que él mismo se ha dado. Ha dibujado con ambición el futuro, pero no da los pasos difíciles que conducen a él, o no se los deja dar la realidad.

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