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Es tan melosa la luna de miel de los que votaron por Andrés Manuel López Obrador que no hubo mayor sobresalto ante la confirmación de que aquello de los precios congelados y la gasolina barata quedaron en los discursos de campaña.

Para todos los demás que sienten angustia por la salud financiera del país, incluidos los mercados financieros, resultó una bocanada de aire fresco escuchar que en medio de las altas presiones que tendrá el gasto público el de un subsidio elevado a estos combustibles no será un problema.

El miércoles pasado en el programa Despierta con Loret, en Televisa, platicamos con Carlos Urzúa, quien será designado como secretario de Hacienda (en ese mismo espacio nos lo confirmó el propio Andrés Manuel López Obrador), y le pregunté sobre el futuro de los precios de las gasolinas.

Fue contundente en su respuesta. Los precios no se congelan, subirán de precio conforme a la inflación. Es un respiro a medias porque la inflación general y la inflación energética son dos cosas totalmente diferentes en este mundo. Como sea, empieza a surgir en la realidad del triunfo una visión con más sensatez que en la campaña.

Eso sí, esa respuesta implica el regreso de un precio controlado para las gasolinas. Ésta sí es una mala noticia. De entrada, porque en México ya nos habíamos librado del lastre de los precios controlados.

Es verdad que el gobierno federal había jugado al precio libre-controlado de los combustibles. Pero en el papel cada participante del mercado de compraventa de gasolinas negociaba su propio costo.

Pero la sensibilidad electoral que tenía el gobierno de Enrique Peña Nieto, los llevó a usar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) como pivote para evitar aumentos o decrementos abruptos.

Los incrementos en los precios de la gasolina no fueron culpa del gobierno de Peña Nieto y no serán responsabilidad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Si se fija un precio oficial y a ese nivel sólo se le incrementa el nivel que registre anualmente el Índice Nacional de Precios al Consumidor del Inegi, cualquier diferencia positiva o negativa en el precio sí será con cargo a las finanzas del próximo gobierno.

Si se mantiene el esquema actual de precios de la gasolina, con un precio internacional, más IVA y más IEPS, más inflación, pero con precio oficial cualquier aumento, derivado de los precios del mercado petrolero mundial, implicará destinar recursos públicos para subsidiar la diferencia.

Claro que, si llegara a bajar el precio del petróleo, seguro se adornan con una baja en el costo de los combustibles.

Como sea, el primer esbozo de la política gubernamental sobre los precios de las gasolinas ya sonó a un planteamiento más apegado a la lógica económica y más alejado de ese populismo que muchos temíamos.

Lo que tenemos hasta ahora es una declaración en entrevista de quien podría ser secretario de Hacienda. Falta: su ratificación, la presentación del programa de precios de energéticos y sobre todo el visto bueno del gran líder. Sin eso, no hay nada.