Gasolina: ¿cómo medir los costos y lo intangible?


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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

¿Cuántas estaciones de servicio se han cerrado por falta de gasolina? No sabemos. ¿Cuál es el costo económico del desabasto? No sabemos. ¿Cuál es el tamaño y el costo de los retrasos y el ausentismo laboral? No sabemos. ¿Cuánto pierde la industria del transporte? No sabemos. ¿Cuánto cuesta a Pemex la disrupción del mercado de gasolinas? No sabemos.

¿Cuántas estaciones de servicio se han cerrado por falta de gasolina? No sabemos. ¿Cuál es el costo económico del desabasto? No sabemos. ¿Cuál es el tamaño y el costo de los retrasos y el ausentismo laboral? No sabemos. ¿Cuánto pierde la industria del transporte? No sabemos. ¿Cuánto cuesta a Pemex la disrupción del mercado de gasolinas? No sabemos.

Tenemos una danza de cifras y la ilusión de que estamos poniendo orden al caos con números. La realidad es que la mayoría de las cifras no soporta un baño de realidad.  Pemex afirma que está surtiendo 108% de la demanda nacional, pero la mancha del desabasto no deja de crecer. Una dirigente empresarial del Estado de México dijo que había 45% de ausentismo. Esto es imposible. ¿Se imaginan que uno de cada dos trabajadores no está llegando al lugar de trabajo?

Los problemas con los números se expresan también en los cálculos de los daños. En Jalisco, el miércoles dijeron que el impacto en cinco días de desabasto era de 3,000 millones de pesos. La Coparmex, el jueves en la Ciudad de México, refirió que las pérdidas en tres entidades del centro del país eran de 1,250 millones de pesos. En cualquiera de los casos, podrían ser mucho más, pero la medición es misión imposible porque el sistema de estadísticas económicas no está diseñado para medir situaciones excepcionales y reportar resultados en plazos tan cortos.

Los números tienen fuente pero no se sostienen porque no hay manera de medir una realidad que es inasible, entre otras cosas, porque es inédita. Nunca habíamos tenido un combate tan frontal al robo de combustible. Tampoco habíamos vivido una situación donde la carga de gasolina fuera tan complicada, para tantas personas, en tantos lugares y por tanto tiempo. Agreguen a la lista de lo imposible la medición de lo intangible, ¿cómo medir la rabia, la decepción o el entusiasmo?

No hay objetividad posible. Estamos alterados y, con frecuencia, hablando de diferentes cosas. Hay una realidad épica a la que apelan el presidente López Obrador y su equipo. Es la primera gran batalla contra la corrupción del sexenio. En otro espacio de la realidad está el mundo cotidiano en el que vive la gente. Horas perdidas frente a una gasolinera, hablando de las pipas, como si fueran Godot. Cientos de miles de personas quieren que se acabe la corrupción, pero ahora aspiran a algo más simple: llenar el tanque y recuperar la normalidad.

¿Vamos bien o vamos mal? México puede vivir con la danza de cifras, pero no puede convivir con diagnósticos irreconciliables de un asunto tan relevante. Pemex dice que su estrategia de combate al huachicol está siendo exitosa, mientras que la Coparmex la define como una catástrofe. Yo respeto y apoyo el esfuerzo del gobierno para combatir el robo y la corrupción, pero no entiendo cómo puede hablar de éxito cuando ni siquiera puede explicar lo que está haciendo. ¿Cuánto tiempo más tardará en restablecerse el abastecimiento de combustibles?

Por el momento, la crisis tiene que ver con gasolinas y es severa, pero el mayor riesgo es que el problema de escasez o desabasto de las gasolinas se extienda al diesel. Con este combustible se mueve el transporte público y la distribución de los productos de consumo, desde la comida hasta los productos de higiene personal, pasando por los insumos industriales.

Hoy fue más difícil que conseguir gasolina, ¿cómo será mañana?