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La realidad se impuso y el gobierno echó atrás su absurdo litigio contra los gasoductos, único signo tangible de creación de riqueza que hay en su horizonte.

Quizá la mayor debilidad conceptual del gobierno es creer que puede gobernar la economía y establecer una buena política social reasignando el presupuesto.

Según esta idea, el presupuesto, una vez libre de corrupción y dispendio, alcanzaría para reorientar el curso de la economía y también para redistribuir el ingreso.

Los límites de la estrategia empezaron a hacerse claros cuando el crecimiento de la economía se detuvo, porque se había detenido la inversión, lo que redujo la captación de impuestos y la tajada presupuestal disponible para la población desprotegida.

Un gasto social pujante, como el que implican los programas del nuevo gobierno, necesita una hacienda pública pujante también, y ésta solo puede venir de una combinación de crecimiento económico y mayores ingresos fiscales.

El Presidente desbarató las expectativas de los inversionistas con la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Eso es lo que detuvo la economía.

Estaba camino a repetir la dosis cancelando la red de gasoductos heredados del gobierno anterior.

Se detuvo a tiempo, y su corrección abrió una ventana de nueva conversación con los empresarios del país y con los inversionistas de fuera.

No sé si se trata de una corrección profunda o solo de una concesión táctica para no arriesgar un paso más en el abismo que veía aproximarse con un año económico desastroso.

Los datos del Presidente y los del resto del mundo parecen haber coincidido en esto por primera vez: todos anunciaban un crecimiento nulo o negativo, y con él una hacienda pública débil, una tajada menos grande disponible en el presupuesto, y una pobre política de reparto de dinero en efectivo.

Siempre he creído que en López Obrador hay un político pragmático que como él mismo dijo en una entrevista a Jon Lee Anderson: “piensa siempre igual” pero actúa “según las circunstancias”.

Las circunstancias lo han obligado a la decisión correcta, aunque siga pensando igual. Para mí hay en esto un punto de inflexión digno de nota. Sin este tipo de correcciones camino al crecimiento no habrá para repartir lo que el Presidente quiere.