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n la semana que transcurre, el tema que ha escalado la cumbre de atención mediática y social es el juicio a Genaro García Luna en una corte neoyorkina. La expectación que ha causado el acontecimiento no es la presunta corrupción del acusado, cosa que en México se sabía o, cuando menos, se sospechaba, sino el inusitado proceso a un funcionario de tan alta jerarquía y la expectación o el morbo popular por saber si el presunto culpable, en su afán de atenuar su castigo, se lleva entre las patas a quienes fueran sus jefes inmediatos, los expresidentes Fox y Calderón.

Existen varios libros donde se pone al descubierto lo que hoy es presunción para la justicia estadounidense, el alto grado de cínica corrupción de prominentes figuras de la política mexicana y que las autoras y autores de las publicaciones que voy a citar documentan con solvencia.

Una de las primeras acusaciones sobre la connivencia de García Luna con el narco la lanzó un subordinado de éste, el comandante Javier Herrera Valles, advirtió a Felipe Calderón, mediante sendas cartas, los nexos que García Luna tenía con el narco. Del episodio dan cuenta en sus respectivas publicaciones, Olga Wornat en Felipe, el oscuro; Francisco Cruz en García Luna, el señor de la muerte; y Ricardo Ravelo en El narco en México. Calderón jamás contestó las cartas.

Recientemente, Herrera Valles, declaró al periodista Rubén Luengas, en el noticiero En contexto: “Quise advertirle a Felipe Calderón Hinojosa, lo que estaba ocurriendo al interior de la Secretaría de Seguridad Pública (…) Pero mi sorpresa fue que no nada más tenía conocimiento, sino que era parte de las complicidades de Genaro García Luna en la protección que se le hacía, en ese tiempo, a la delincuencia organizada”. Por su frustrada denuncia el licenciado en criminología y capitán piloto aviador, Javier Herrera Valles, estuvo preso casi cuatro años.

También se han ocupado de la andanzas y corruptelas de García Luna con publicaciones valientes y bien documentadas: Peniley Ramírez en Los millonarios de la Guerra y Anabel Hernández en Los señores del Narco y El Testigo, según Anabel, el ingeniero García Luna estuvo implicado, en el segundo mes del sexenio de Vicente Fox, en la fuga del Chapo Guzmán del penal de Puente Grande, Jalisco, en esta información coincide el también periodista J. Jesús Lemus, quien estuvo preso en el precitado penal tres años y cinco días, entre el 2008 y el 2011, su “delito”: publicar en el periódico El Tiempo de La Piedad Michoacán, que Luisa María Calderón, hermana del presidente, tenía tratos con el delincuente Servando Gómez, la Tuta, respecto al financiamiento de su posible campaña hacia la gubernatura de Michoacán.

Durante su reclusión, Lemus, compiló y, posteriormente, publicó con el título de Los Malditos I y II, testimonios y anécdotas de los delincuentes ahí enclaustrados calificados como de alta peligrosidad, entre ellos Alfredo Beltrán Leyva el Mochomo y Sergio Villareal, el Grande, gracias al cual supo y así lo publicó en su libro el Licenciado, la manera en que Villarreal, logró contactar al presidente electo Calderón, durante el bautizo de un hijo del senador panista Guillermo Anaya del cual Felipe y Margarita Zavala fueron padrinos. Anaya a su vez era cuñado de Adolfo, hermano de el Grande, por lo que el narco y el legislador se decían “parientes”. El panista invitó al delincuente al bautizo quien así pudo cumplir con la encomienda de Ismael el Mayo Zambada, avalada por Arturo Beltrán Leyva, jefe del Grande, de ofrecerle a Felipe Calderón, los millones de dólares que pidiera para poner a García Luna como secretario de Seguridad Pública. En alguno de los libros aquí mencionados se dice que fueron 20 millones de dólares los que Felipe del Sagrado Corazón de Jesús, aceptó.