“La impresión más fuerte impide percibir los umbrales inferiores”, escribió Sir Ernst Gombrich –el mejor historiador del arte desde mi punto de vista- en un ensayo publicado junto a otros dos textos bajo el título “Arte, Percepción y Realidad”.

Si bien esa expresión fue escrita en un contexto propio para entender las artes plásticas, tiene un alcance mayor sobre todo en los procesos psicológicos y de comunicación –más cuando hay crisis- en las relaciones humanas.

Lo impactante –sobre todo si es negativo- siempre estará por encima en la percepción de los individuos y la colectividad.

Forma y fondo, al fin, siguiendo la lógica aristotélica.

O más aún: “Todos los hombres somos incapaces de percibir la realidad tal y como es… lo que para nosotros parece ser el mundo material es simplemente un reflejo del mundo causal verdadero”, planteó en su momento Platón.

La recordación de estas citas viene ahora a propósito del señalamiento que, esta semana, hizo en Apatzingán, Michoacán, el Presidente Enrique Peña Nieto acerca de que “a veces no se da suficiente aprecio o justa dimensión a lo que se hace” en el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad mexicana.

Construir y mantener una percepción de alcance colectivo no es cosa sencilla, menos aún en el ejercicio de gobierno donde la sensibilidad mayor es de un deterioro en la opinión pública sobre el comportamiento y compromiso de una clase política que –la mayoría de las veces- ha sacado ventaja de sus posiciones en detrimento o a costa de la sociedad que dicen representar o para la cual aseguran trabajar.

México son muchos Méxicos. Un amplio mosaico de culturas, de intereses, de costumbres y, por tanto, de una percepción colectiva diferenciada.

La virtud del trabajo colectivo que representa el Tequio en Oaxaca no es propia de otras entidades de la República; ni por mucho la pujanza y emprendedurismo de Nuevo León es similar en otros estados del país.

Como ha ocurrido a otras administraciones presidenciales, que también les ha tocado una crisis tras otra en sus gestiones, la del Presidente Enrique Peña Nieto no ha quedado exenta. Una impresión fuerte tras otra –todas ellas de gran escala- que nublan o pueden neutralizar cualquier acción de gobierno.

Hay una crisis económica internacional de varios frentes que amenazan seguir provocando volatilidad e incertidumbre, a pesar que las variables económicas en México se encuentren  cimentadas; se han impulsado reformas estructurales que tendrán efectos favorables a mediano o largo plazo, a cambio del costo político que ello hayan causado en las estructuras y credibilidad de los partidos adherentes al proceso reformador.

Se han impulsado algunos programas sociales en un nuevo enfoque que pretende romper el asistencialismo o la dádiva a través de dar elementos a la gente para que ella misma salga de la pobreza, pero la persistencia de grandes, grandísimos núcleos de población con  los mínimos de bienestar, hace que los esfuerzos no del gobierno sino de una vasta red de grupos sociales de apoyo sea poco perceptible.

Se crea empleo pero no del todo remunerador aunque peor sería no tener plazas de trabajo. Se sigue consolidando una nación exportadora pero a costa de no trabajar en el fortalecimiento de un mercado interno que pueda ser atenuante de los vaivenes y caprichos de la globalización.

La reciente medida de asumir deuda de los estados y establecer controles a las entidades en el uso de apalancamientos es relevante, pero implica un compromiso firme de los gobernantes locales para ingeniarse nuevos mecanismos y formas de financiamiento de la obra pública y los programas de gobierno.

Y el tema de la seguridad y corrupción que ha sucumbido en este sexenio, como una bola de nieve, dañando más la confianza y credibilidad social.

El ejercicio de gobierno en todos sus niveles no es sencillo, máxime en un mundo amplio de percepciones diversas, basadas en intereses, sensibilidades y expectativas diversas.

Los impactos fuertes siempre impedirán ver los umbrales inferiores. Y no es atenuarlos o sólo mitigarlos, sino enfrentarlos para encontrar las soluciones adecuadas.

La percepción o percepciones en torno a la actual gestión presidencial han sido desfavorables en varios sentidos, luego de un arranque positivo. Todo gobierno en cualquier de sus niveles y en cualquier país sufre desgaste, el famoso capital político.

El Informe de Gobierno del Presidente Peña Nieto –que en la parte política será un mensaje a la Nación- está próximo. Enfrenta dos opciones de cara a la sociedad –y en particular de los grupos de interés que inciden en la opinión pública: plantear un panorama triunfalista, de sólo resultados óptimos a pesar de la adversidad; o de un ejercicio de evaluación y autocrítica a partir del cual se sostenga que la acción de gobierno por sí misma, sin la sociedad y sus líderes, no puede avanzar en la solución de los grandes problemas nacionales.

No se trata exactamente de que los diversos sectores de la sociedad aprecien lo que se hace, sino que tengan suficientes y mejores elementos para que cuenten con una mejor dimensión de lo que se hace y de lo que falta por hacer en un país amplio y diverso como México. Más aún, de lo que a los grupos de la sociedad y los gobernantes locales les falta aportar.

Platón en La República planteó que “la realidad que vemos no es más que las sombras proyectadas sobre una pared por la realidad verdadera”. En términos de Gombrich, hacer los umbrales inferiores el impacto fuerte es el gran reto, al menos en comunicación, pero dentro de una dimensión justa y comprensible.

PostScriptum.- Luego de un avance rápido y certero en las investigaciones del multihomicidio en la colonia Narvarte de la ciudad de México, el tema ha escalado al Gobierno Federal a quien un grupo amplio de periodistas, artistas e intelectuales pide su intervención para que cesen los ataques en contra de periodistas y defensores de los derechos humanos. La respuesta política vino desde la Secretaría de Gobernación. El Gobierno del Distrito Federal y su Procuraduría enfrentan el riesgo de no contaminar las indagatorias por motivos políticos y ahondar en las causas reales que motivaron esos atroces homicidios.