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Hay muchos observadores convencidos de que la ruptura de Peña Nieto con Anaya es tan seria que el gobierno empieza a ver a López Obrador como un triunfador menos peligroso que Anaya, en caso de una derrota presidencial priista.

Las declaraciones de Anaya de que podría llevar a juicio a Peña Nieto, confirman y profundizan la ruptura.

Desde antes se decía que Peña Nieto tendía puentes con López Obrador, buscando inmunidad a cambio de una alianza para “la segunda vuelta de facto”, que se da en la elección presidencial mexicana desde 2000.

Según la historia informal de esta “segunda vuelta”, la izquierda habría apoyado la candidatura presidencial de Fox en 2000, para sacar al PRI de Los Pinos, una vez que fue claro que la candidatura de izquierda, de Cuauhtémoc Cárdenas, no podía ganar la elección.

Seis años después, el PRI habría apoyado la candidatura panista de Felipe Calderón para ganarle a López Obrador, una vez que fue claro que el candidato presidencial priista, Roberto Madrazo, no podía ganar. Primera victoria del “PRIAN”.

En la elección de 2012, el gobierno panista de Calderón, ante la caída de su candidata Vázquez Mota, habría apoyado al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, para ganarle al mismo López Obrador. Segunda victoria del PRIAN.

En la elección de 2018, la alianza en que todos pensábamos era, otra vez, la del PRIAN contra AMLO.

Pero la ruptura radical de Anaya con Peña Nieto sugiere el fin de la fórmula PRIAN y el destape de un candidato opositor más duro con Peña Nieto que el mismo López Obrador, quien ha prometido, acá y allá, en aras de la unidad, diferentes perdones a diferentes miembros de la “mafia del poder”.

La alianza Morena-PRI tiene una lógica electoral clara, pero tiene también una lógica histórica que podría realinear toda la elección en ejes inesperados.

Morena ha ganado credibilidad peleando contra el PRIAN. Pero si la parte PRI del PRIAN se desborda hacia Morena, el PRIAN queda deshecho como caballito de batalla de Morena y Morena más cerca del PRI de lo que le conviene para ser la opción antisistema.

El fin del eje PRIAN sería el principio del eje Morena-PRI, en muchos sentidos un eje PRI-PRI.

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