Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La brutalidad de cuatro asesinatos

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

No hay forma de actuar indiferente ante cualquier tipo de asesinato, ni mucho menos a los que fuimos testigos este fin de semana

“El testimonio de las mujeres es ver lo de fuera desde dentro. Si hay una característica que pueda diferenciar el discurso de la mujer, es ese encuadre.”
Carmen Martín Gaite

Muchas mujeres han salido a protestar en Quintana Roo después de un fin de semana violento e indignante para todas. En la Ciudad de México familiares de quienes han sido víctimas de feminicidios se pararon frente a Palacio Nacional para protestar ante el Presidente Andrés Manuel López Obrador y de frente a los medios que cada mañana acuden a las mañaneras.

No hay forma de actuar indiferente ante cualquier tipo de asesinato, ni mucho menos a los que fuimos testigos este fin de semana.

Fue Victoria, fue Karla y una mujer que hasta ahora no han dado su nombre pero que fue asesinada de tres disparos, según la información.

Conforme sumamos más agravios a la mujer y restamos sus vidas por haber sido violentadas, ultrajadas y maltratadas hasta dejarlas sin vida, las paredes, fachadas, muros y cualquier otra barrera que se nos coloque, seguirán siendo pintadas con las mismas consignas y exigencias.

Victoria la mujer salvadoreña que se dice que tomaba bebidas alcohólicas en la calle, terminó siendo sometida de manera brutal y desmedida por una mujer policía y tres hombres uniformados a su alrededor.

La echaron al suelo como si fuera una agresora enérgica que ponía en riesgo la vida de los propios personajes uniformados que ya hemos visto en videos y fotografías.

La tiraron como un animal y sobre ella se colocó otra mujer más grande y al parecer más poderosa, por el solo hecho de vestir de azul, andar en patrulla y sentirse autoridad.

Victoria de 29 años, murió porque la policía que la sometió, le fracturó la columna vertebral mientras que los otros tres personajes solo vieron en manera de aprobación “el uso desmedido” de su fuerza y la cargaron y echaron a la parte trasera de su patrulla.

Karla también tenía 29 años, era taxista en La isla de Holbox y fue encontrada en la Zona de Punta Ciricote con su carro de golf sumergido y su cuerpo sin vida.

Ya no tenía sus pantalones con los que había salido desde la mañana de su casa, en donde su hijo le esperaba.

Karla fue víctima de la bestialidad de un esperpento llamado Roger, quien la agredió con objetos cortopunzantes, amarrándola de las manos y amputándole sus pechos.

Un acto lacerante, una escena que no podemos si quiera imaginarla ni recrearla en ningún tipo de guion.

En Cancún fueron dos mujeres más, una de ellas que solo se reporta como vestida con unos pants y un top, fue encontrada en un paraje deshabitado cercano al fraccionamiento Kusamil con tres disparos; y la segunda murió después de que le encendieran fuego.

Que si tenían problemas personales con las parejas o ex parejas, que si era venganza, que si fue un abuso desmedido de fuerza, no son justificantes tajantes para argumentar sus muertes.

Son asesinatos brutales, como la fotografía que hoy les comparto y que no la he podido quitar de mi cabeza desde hace una semana.

Mujeres desnudas colocadas sobre bandejas frías de acero, con la sangre de sus cuerpos esparcida entre el plástico y sus osamentas.

La fotografía fue publicada hace una semana por la agencia EPA Photos como parte de una protesta de grupos activistas contra el consumo de los animales, pero la crudeza de la imagen sobrepasaba su principal intención.

La imagen la guardé porque es dura, es difícil pensarnos como presas de una especie más fuerte que nosotras, o de una pirámide de vida salvaje en donde terminamos sirviendo como alimento.

Pero eso también es el feminicidio, solo que la especie que se cree más poderosa que nosotras y con el poderío de hacernos trizas, es de nuestra misma clase, pero con una locura en su cabeza y una especia de bestialidad en sus cuerpos.

Quien le encendió el fuego a ella, quien le disparó tres veces y la arrojó a un baldío, quien le puso la rodilla tan fuerte sobre su espalda para dominarla y quien la acuchilló y la dejó sin pechos; lo hacen porque reconocen que no hay ningún tipo de autoridad que los pueda castigar con la misma vehemencia y crueldad.

Porque nos ven a las mujeres así, fáciles de colocar en una bandeja fría y gris, ensangrentadas, lastimadas y como un vil cuerpo destrozado que marca una victoria para ellos.

Reconozco que este espacio es para mirar la imagen capturada por los fotógrafos y fotoperiodistas en el mundo y reinterpretarla de la mano de la información alrededor de ella, pero hoy la frialdad con la que nos topamos este tipo de noticias, me ha trastocado hasta el último poro.

Esta fotografía tomada por Marta Pérez, materializa la muerte de estas cuatro mujeres en Quintana Roo en solo un fin de semana y por supuesto el de los miles de mujeres que han terminado así.

Hoy todo esto sobrepasa y me colapsa al vivir en un país que no me ofrece ninguna garantía de seguridad como mujer, y que tampoco puedo yo ofrecérsela a mi hija que aún comienza.

Las mexicanas hemos de ser activistas de tiempo completo, para cuidarnos y defendernos porque claro está que para ninguna autoridad las mujeres somos primero, para ninguna.

Violencia contra la mujer. Foto de Agencia EPA Photos.
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