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Ayer miércoles finalmente se formalizó la muy anticipada primera fase de un acuerdo comercial entre China y Estados Unidos (EU).

Aunque esta primera fase fue tomada por la administración Trump como una gran victoria y disminuyó la incertidumbre generada por la guerra comercial entre ambas potencias, generando un alivio en los mercados, la realidad es que se trata simplemente de una tregua que reduce en gran medida la probabilidad de una escalada en las medidas arancelarias por parte de ambas naciones.

Este punto no es menor si tomamos en cuenta que uno de los factores más nocivos de la guerra comercial es el impacto negativo que genera sobre los niveles de confianza que a su vez deprimen tanto el comercio como el flujo de inversiones internacionales.

No obstante, muchos observadores consideran que el daño infligido por las barreras comerciales erigidas y el fuerte daño a los niveles de confianza tuvieron un costo relativamente alto con respecto a los beneficios logrados en esta primera fase.

Aunque el objetivo primordial anunciado por la administración Trump era reducir significativamente el déficit comercial con China, la realidad es que dicho déficit apenas pasó de 420,000 a 360,000 millones de dólares del 2018 al 2019.

Sin embargo, la cifra del 2019 es parecida al déficit de 375,000 millones de dólares del 2017. Esta reducción vino principalmente porque las importaciones provenientes de China a EU disminuyeron en 70,000 millones en el 2019 con respecto al 2018, mientras que las exportaciones de EU a China cayeron; se redujeron en 30,000 millones en el mismo periodo.

El impacto en términos de empleo y crecimiento económico fue claramente más alto para China, cuya economía tuvo una desaceleración marcada. Aunque la economía americana sufrió mucho menos, hay sectores como el agrícola y las manufacturas que fueron severamente afectados.

En el caso agrícola, las exportaciones a China cayeron de 25,000 millones de dólares a 7,000 millones y el gobierno se vio obligado a implementar subsidios importantes para el sector.

Esta primera fase del acuerdo comercial incluye un compromiso de China de incrementar la compra de productos agrícolas a por lo menos 40,000 millones de dólares al año. Aunque el empleo agrícola y el manufacturero en EU sufrieron, la fuerte creación de empleo en el sector de bienes no comerciables (principalmente servicios) amortiguó el golpe.

Sin embargo, los especialistas estiman que la guerra comercial le costó a EU aproximadamente medio punto de crecimiento en el PIB. Es decir, sin la guerra comercial la economía americana hubiera podido crecer cerca de 2.5% en lugar de 2.0% en el 2019.

Por otro lado, quedan muchas dudas sobre lo realmente importante de la disputa comercial: la protección a la propiedad intelectual y una mejoría en las condiciones para la inversión extranjera en China.

Estos temas se dejaron realmente para la segunda fase del acuerdo comercial y tomando en cuenta que algunas de las exigencias de EU representan una amenaza al corazón del modelo económico chino de desarrollo de tecnologías propias, resulta muy poco probable que veamos una segunda fase en el mediano plazo.

Sin embargo, aunque el costo del miniacuerdo que representa esta primera fase probablemente sea menor a los beneficios, el anuncio manda una señal que disminuye la incertidumbre.