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No está entre las facultades del Banco de México (Banxico) procurar el crecimiento económico, como sí la tiene, por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).

El banco central mexicano tiene como mandato —prácticamente único— defender el poder de compra de la moneda nacional, o lo que es lo mismo, cuidar que la inflación se mantenga baja y ordenada.

Sin embargo, es público y conocido que al menos el gobernador del Banxico, Agustín Carstens, cree en los equilibrios entre control inflacionario y el crecimiento económico.

El antecedente es el pleito que tuvo Carstens, desde la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con el entonces gobernador del banco central, Guillermo Ortiz Martínez, quien en una actitud más de halcón monetario se puso rudo con las tasas altas de interés para bajar la inflación. Hay que decir que le funcionó.

En esos días tanto Carstens como el entonces presidente Felipe Calderón mandaban mensajes públicos para que el Banxico bajara las tasas de interés. El instituto central hizo valer su autonomía, aunque al final de cuentas le costó la reelección a Ortiz Martínez.

Por eso es que ahora suena congruente que al menos Agustín Carstens busque que las medidas emergentes que le tocan al banco central no se conviertan en un lastre innecesario para el pobre crecimiento económico.

Los que están más nerviosos con el comportamiento financiero proyectaban ver un banco central mexicano mucho más agresivo para frenar la depreciación cambiaria y esperaban arriba de los 100 puntos base de aumento de la tasa de referencia.

Los más atentos al comportamiento de los mercados tomaron nota del aval que dio la subasta de los Cetes del martes de la semana pasada a un aumento de 0.75 puntos porcentuales y esperaban un espejo de aumento en la tasa de referencia.

Los más conservadores esperaban el medio punto porcentual que resultó en el entendido de que en diciembre podría subir la tasa al día siguiente de que lo haga la Fed.

El gobernador Carstens dijo que de lo que se trató fue de ser eficientes al menor costo posible y, amante de las analogías como es, aseguró que se buscó aplicar la medicina pero se evitó una sobredosis.

Lo único que no sería permisible para un banco central autónomo como el Banxico es que elimine el tono crítico que ha tenido hacia la conducción macroeconómica del gobierno federal.

En el pasado comunicado de decisión de política monetaria se recargaron mucho en los factores externos, ¡y cómo no con Trump en el panorama! Pero soltaron una de las principales exigencias que mantenían dentro de la 
Junta de Gobierno de exigir una disciplina extrema al gobierno federal para corregir su cochinero de la cuenta corriente.

Dice el Banxico que México está en una posición de fortaleza para enfrentar el nuevo entorno como resultado de los logros alcanzados y previstos de consolidación de finanzas públicas. ¿Alcanzados?

Ni el prometedor plan de negocios de Pemex ni el tímido Paquete Económico del 2017 han dado resultados. Al contrario, están hoy muy cuestionados por la misma causa que tiene hoy al dólar arriba de los 20 pesos: la incertidumbre de las fatalidades que pueda causar Donald Trump.