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Los observadores empiezan a delinear la forma en que Trump podría ganar la presidencia sin pasar por los votos que reciba, mediante un proceso, legal en la letra, pero fraudulento en su espíritu.

Fareed Zakaria ha hecho este ejercicio en el Washington Post: https://wapo.st/33a9DnB.

Todo empieza en el hecho de que quienes eligen al presidente en Estados Unidos no son los votantes directos, sino los colegios electorales de los estados, que nombran electores indirectos, normalmente en consonancia con el voto popular de cada estado, pero no siempre.

Este mecanismo ha sido muy favorable a los republicanos, quienes, desde 1992, solo una vez han ganado la presidencia en el voto popular: George Bush en 2004. Durante esos 28 años, sin embargo, los republicanos han tenido la presidencia 12 años, casi la mitad.

Siempre por el mecanismo de los colegios electorales. La maniobra que se anticipa este año tiene que ver con que habrá muchos votos por correo.

Esto puede dar lugar a una interminable querella legal por imperfecciones de la boleta postal (firmas, direcciones, etcétera), de modo que quede en entredicho la emisión misma del voto popular y los congresos locales tengan que nombrar ellos a los electores en sus colegios electorales.

“Aquí está el punto,” dice Zakaria: “De los nueve estados indecisos, ocho tienen congresos locales republicanos. Si deciden que la votación en esos estados es caótica, manchada por irregularidades, podrán nombrar ellos a los electores, que serán republicanos”.

Los demócratas se quejarán legalmente, desde luego, y tratarán de hacer lo mismo donde dominan, lo cual solo añadirá fuego a la hoguera del litigio.

A la hora del recuento final de la elección, muchos estados podrían estar en disputa. Los congresistas republicanos asumirían la posición de que no se cuenten los votos de esos estados, lo cual impedirá que alguien alcance los 270 votos electorales necesarios para ganar la presidencia.

La constitución establece que, de darse este vacío, deberán votar los miembros de la Cámara de Representantes, pero solo con un voto por cada bancada estatal. Los republicanos tienen dominio en 26 bancadas, los demócratas en 23. Así ganaría Trump, sin haber ganado, y la democracia estadunidense mostraría sus debilidades de República bananera, dice Zakaria.