Cuando el Secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, asegura a que existe un alto grado de incertidumbre en el entorno, por lo que hay que prepararse para escenarios desfavorables –menos favorables, habría dicho en una entrevista para El Universal- habrá que empezar a considerar los efectos negativos que ello tendrá en el consumo y la inversión.

Habrá un menor dinamismo, aun cuando la expectativa de la propia SHCP es que la estructuración del presupuesto para 2016 –de menor gasto a partir de la reconformación o eliminación de programas de gobierno- tendrá una repercusión marginal en el Producto Interno Bruto.

La expectativa planteada por el Instituto Mexicano de Contadores Públicos es que los ajustes al presupuesto gubernamental hacia 2016 implique un recorte de entre 200 mil millones a 250 mil millones de pesos, si se compara con el actual Presupuesto que, antes de ser ejercido ya traía un recorte de 124 mil 300 millones de pesos.

El rediseño presupuestario conllevará despidos en gobierno; el recorte a actividades productivas o en infraestructura lo cual afectará cadenas de producción y el desarrollo en algunas regiones del país.

La economía mexicana está entrampada entre expectativas poco halagüeñas respecto al precio del petróleo, lo que implica menores ingresos para el gobierno ya que todavía alrededor de 40 por ciento de estos es por venta de hidrocarburos;  y por otro lado, el alza en las tasas de interés que tendrá un impacto en las finanzas públicas pues se deberán pagar mayores intereses por la deuda.

Si bien los planteamientos del Secretario Luis Videgaray buscan mandar señales de que se actuará con responsabilidad en el manejo presupuestario para no tener que incurrir en alzas tributarias –lo cual tampoco sería factible por el acuerdo de no realizar incrementos en lo que resta del sexenio- hay inquietud entre los inversionistas no sólo financieros sino en la de diversas actividades productivas, sobre todo por los efectos negativos en el consumo doméstico.

Pero si bien existe el acuerdo de no realizar aumentos de impuestos, algunos sectores del empresariado, como el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp) están planteando la conveniencia de buscar incentivos fiscales que promuevan la actividad económica.

Las multimillonarias inversiones en dólares anunciadas por empresas multinacionales, que son de largo plazo -especialmente automotrices- han implicado algún tipo de incentivo generando cierto malestar en grupos empresariales.

El hecho es que tras los comentarios del titular de la SHCP, analistas financieros revisaron a la baja la expectativa de crecimiento del PIB, de 3.1 a 3 por ciento. Más aun han advertido que los ajustes presupuestarios serán insuficientes por lo cual podría haber impactos negativos contra las participaciones a estados y afectaciones a proyectos relacionados con creación de infraestructura.

Este año y el que sigue serán momentos difíciles. Si bien el objetivo es mantener la estabilidad macroeconómica, los efectos micro estarán ahí: menor consumo, empleo en menor proporción a lo que demanda el crecimiento poblacional y presiones inflacionarias. Tendrá efectos, adicionalmente, en la lucha cotidiana por el ingreso y, sin duda, búsqueda de andar en los caminos de la informalidad y la evasión de obligaciones para subsistir en un panorama de adversidades. 

Postscriptum.- Escribí -más o menos- en Twitter: si Julio Scherer, Manuel Becerra Acosta y una pléyade de grandes periodistas y escritores se hubieran aferrado a Excélsior, no se habría dado paso a dos medios que marcaron pauta en el país, UnomásUno en su primera temporada y luego La Jornada; y Proceso. Se me cuestionó que eran otros tiempos pero la verdad es que el periodista que lucha por su libertad de expresión siempre busca los caminos y los mecanismos para hacer oír su voz. La Jornada nació así. Es de los pocos medios que no son propiedad de grupos empresariales. Y en Puebla y otros estados del país, el periodismo digital ha proliferado.