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¿Qué hacemos para tener una distribución más justa del trabajo doméstico no remunerado? Cocinar, limpiar, cuidar niños, ancianos, hacer las compras, organizar las tareas que se necesitan en el hogar….

¿Cómo le hacemos? Esto se discute en todo el mundo. Tiene mucho que ver con la agenda feminista, pero también con el sentido común y con lograr una sociedad más justa y más sana. Sí, sana. Un estudio publicado en 2022 por The Lancet demostró que entre más trabajo de este tipo realizan las mujeres, peor es su salud mental. Cabe aclarar que The Lancet es una de las publicaciones científicas más prestigiadas del mundo.

Vamos a las cifras. En México, las mujeres dedican en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados, mientras que los hombres dedican 18.2 horas. Esto implica una brecha de 21.5 horas a la semana y se traduce en estrés y agotamiento; pobreza de tiempo y pérdida de potencial. Cada hora de trabajo de cuidados no remunerados reduce las posibilidades de acceder a un trabajo remunerado o, incluso, a niveles de estudios superiores.

El INEGI le pone precio a este tipo de trabajo y dice que vale 8 billones de pesos, equivalente a 23.9% del PIB. Para ponerlo en perspectiva, la industria petrolera aporta un poco menos de 4% del PIB; las remesas, 4.5%; el turismo, alrededor de 10% del PIB.

Me gusta que el instituto de estadísticas ponga un número a la aportación del trabajo no remunerado, aunque no hay que perder de vista que la importancia de muchas de las tareas que entran en esta categoría es inestimable: elevan la calidad de vida en el hogar, fortalecen la cohesión social y mejoran las expectativas de vida. En cualquier caso, ponerle un valor económico es una forma de dar visibilidad a lo invisible.

¿Cómo estamos respecto al mundo? Un estudio de la Universidad de Melbourne, en Australia, nos ofrece los datos de algunos países. Los países más equitativos son los escandinavos, donde las mujeres dedican “solo” media hora por día más que los hombres al trabajo doméstico. Pongo solo entre comillas, porque en la semana esto se convierte en una brecha de tres horas y media. Al mes, son 14 horas. En Estados Unidos, según el mismo estudio citado por Claire Cain Miller del New York Times, las mujeres dedican 4.5 horas diarias frente a 2.8 horas de los hombres. En Grecia, son 4.3 horas de las mujeres y una hora y media de los hombres.

Lejos de los escandinavos, a la mitad entre Estados Unidos y Grecia. En México, las mujeres realizan casi 70% del trabajo doméstico no remunerado y los hombres, el 30%. Ha habido avances en los últimos 20 años, porque la participación de los hombres en el trabajo del hogar casi se ha duplicado, pero estamos lejos de la equidad. Al ritmo que vamos, se necesitarían más de cien años.

Un buen arreglo sobre la distribución de las tareas en el hogar es condición necesaria para el desarrollo profesional de la mujer, dice Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía 2023. Su especialidad es el estudio de la historia económica y sus trabajos nos dicen algo que muchos ignorábamos: las sociedades preindustriales eran más igualitarias que el siglo XX.

No es realista pensar que podemos esperar a que haya una epidemia de sabiduría en 20 millones de hogares, epidemia que permitiría distribuir de manera más justa las 60 o 70 horas de trabajo doméstico que son necesarias por semana. Por eso, es imprescindible avanzar en la implementación de un verdadero sistema nacional de cuidados y en medidas complementarias. El sistema de cuidados cuesta 1.5 o 2 puntos del PIB, menos de lo que valen los apoyos a Pemex o el Tren Maya, y permitiría resolver la atención de niños y adultos mayores.

¿Por qué son necesarias medidas complementarias? La inequidad es mayor en los hogares más pobres y en las zonas más marginadas, aquellas que carecen de servicios básicos como acceso al agua potable y drenaje, educación, salud y protección pública contra la violencia doméstica. Todo está conectado: es cultural, social, económico y hasta medioambiental. Las soluciones son complicadas, pero más complicado es seguir como estamos y pensar que vamos en la ruta correcta.