No suena muy congruente con aquello de la política de no intervención en asuntos internos el hecho de mandar al secretario de Hacienda de México para que arregle los problemas económicos de un país como Perú.

Es que el presidente Pedro Castillo enfrenta una campaña en su contra del conservadurismo, justifica el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando trata de explicar su selectiva política de la libre determinación de los pueblos.

Mientras tanto, en el norte del continente, donde México tiene el acuerdo comercial más importante para su desarrollo económico, los otros dos socios buscan la manera de alinear sus políticas de respaldo a las energías limpias en la industria automotriz.

No es papel de Rogelio Ramírez de la O, y otros funcionarios federales pagados con recursos públicos, estar en Lima tratando de sacar las castañas del fuego al Presidente populista de Perú.

Tampoco le tocaría a este grupo de servidores públicos ver, por ahora, las complicaciones comerciales de la iniciativa del presidente de Estados Unidos, Joe Biden de otorgar créditos fiscales a los estadounidenses que compren autos eléctricos fabricados por el sindicato local de trabajadores automotrices.

Pero al presidente López Obrador sí que le toca tener más información y opinión de ese conflicto en potencia en América del Norte. Eso es algo que está más en la competencia presidencial que argumentar que hay un complot conservador en Perú, apoyado por Mario Vargas Llosa, para tratar de “destruir” a su Presidente, que dicho sea de paso, a muchos peruanos les parece una persona incapaz.

El presidente López Obrador parecía no tener mucha información sobre la propuesta del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, de homologar los incentivos fiscales a los ciudadanos que optaran por comprar algún automóvil eléctrico fabricado en Estados Unidos o Canadá.

Tanto el plan Build Back Better de Biden, como el alineamiento que se sacó de la manga Trudeau, son violatorios del acuerdo comercial que esos dos países tienen con México, ese que llamamos T-MEC. Pero también de una larga lista de acuerdos y tratados internacionales.

Hace muy mal el gobierno demócrata de Joe Biden en privilegiar a las organizaciones sindicales sobre sus acuerdos comerciales que le obligan a un trato igualitario con sus socios.

Pero el fondo de todo esto supera al subsidio propuesto de 12,500 dólares por familia. Es un paso enorme en la dirección de un cambio energético en el que México no está montado.

Defender y apoyar a los populistas del barrio hace quedar muy bien al Presidente con su clientela radical pero no resuelve los problemas del desarrollo futuro de nuestra economía.

México pertenece geográficamente, pero también económica y financieramente a América del Norte y los dos socios comerciales más importantes de este país ya tomaron la determinación de ir en un camino de convergencia energética acelerada en la que nos estamos quedando atrás.

En eso debería estar el secretario de Hacienda, Ramírez de la O, el Presidente y el resto del gabinete económico de México.

Candil de la calle
El salvador

Rogelio Ramírez de la O viajó a Perú para tratar de salvar a ese país de la difícil situación económica por la que atraviesa.

Quedar bien

Defender y apoyar a los populistas del barrio hace quedar muy bien al Presidente con su clientela radical.

Zona T-MEC

México pertenece geográficamente, pero también económica y financieramente a América del Norte; debería voltear hacia allá.