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La relación entre México y Estados Unidos es tensa, las diferencias entre los dos gobiernos se acumulan y no parecen tener muchas vías para encontrar soluciones en un corto plazo.

Eso no significa que el encuentro entre los presidentes de ambos países tenga que ser estresante o grosero.

Del lado de Estados Unidos, la administración demócrata cuida mucho las formas y el presidente Joe Biden suele ser afable con sus invitados, por lo que no podemos esperar otra cosa que cordialidad con su homólogo del sur.

Del lado mexicano, el presidente Andrés Manuel López Obrador suele ser uno desde la tribuna de sus mañaneras de Palacio Nacional y otro cuando ya está ante la presencia de los presidentes de Estados Unidos. Así que también se le verá sonriente y sereno.

La agenda de desencuentros crece, pero el tiempo de la reunión de hoy es breve, por lo que quizá el mayor provecho sea concentrarse en los problemas serios y urgentes como el incremento del flujo migratorio.

La agenda comercial es todo un tema para Estados Unidos, por lo que apenas cuatro días antes del encuentro Biden-López Obrador, la representante comercial de la Casa Blanca, Katherine Tai, dejó en claro que su país insistirá en atender sus preocupaciones en materia energética y comercial. Incluso habló de la posibilidad de iniciar consultas formales, que es un paso más allá en la inconformidad estadounidense.

El tema ambiental pesa mucho en el ánimo de la Casa Blanca y la política energética del gobierno mexicano, contraria al cambio hacia las energías limpias y opuesta al respeto a las inversiones privadas, siempre estará presente en el ánimo de una reunión bilateral.

Es un hecho que no habrá sobresaltos públicos, ni malas caras ante la prensa, si el Presidente mexicano plantea liberar a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, o si López Obrador pretende dar clases de control inflacionario a Joe Biden.

No habrá ningún resentimiento manifiesto por aquello de emprender una campaña para desmantelar la Estatua de la Libertad o por desairar la Cumbre de las Américas por defender a los dictadores del continente.

Habrá imágenes amables del encuentro de los dos presidentes y sus delegaciones. López Obrador regresará a México presumiendo que se lleva muy bien con Joe Biden.

En nuestro país será tema de discusión todo el día y varios días en la radio, la televisión y las primeras planas de la prensa.

En Estados Unidos podría alcanzar algunas notas en interiores. Y si no hay ningún tipo de imprudencia declarativa, el encuentro pasará rápido al olvido ante el inicio de una muy importante gira de Joe Biden por Israel.

A Biden le interesa un tema de alto impacto político-electoral y ese es detener el flujo migratorio, será su objetivo público reflejar que puede lograr que México incremente los controles. Los demócratas luchan contra la imagen de un Donald Trump dando órdenes al gobierno mexicano para frenar a los migrantes o bien atenerse a las consecuencias.

Sin estridencias ni amenazas, Biden debe lograr un efecto similar ante los electores.

El resto de la agenda bilateral, tensa y cada vez más complicada, habrá de mantenerse intacta tras la visita.