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¿Qué más tendría que suceder para que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador entienda que su estrategia energética está totalmente equivocada?

La primera gran oportunidad que desperdició este régimen por las telarañas dogmáticas con las que quieren gobernar se tuvo en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Forzado por Donald Trump con su propia visión populista de recuperar la manufactura para Estados Unidos, esa renegociación, que culminó en lo que llamamos el T-MEC, abrió la oportunidad única de tener un mercado energético integrado entre Canadá, Estados Unidos y México.

Claro que bajo la pequeña visión de la 4T eso fue visto como un intento imperialista de “robarse nuestro petróleo”. Cuando en realidad era la oportunidad de garantizar suministros de energías, fósiles y renovables, para encadenar una industria poderosa que dejara territorio chino y se concentrara en América del Norte.

Este régimen no sólo se cerró esa puerta, sino que ha apostado por una clara política de discriminación de las empresas privadas, sobre todo extranjeras, por parte de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad.

Ha generado un ambiente adverso a la inversión que no sólo ha frenado al sector energético, sino el desarrollo de otras inversiones ante los temores que generan esas conductas del poder.

Después de varios intentos con decretazos y leyes secundarias, el golpe más fuerte al desarrollo energético llegó con la contrarreforma eléctrica que ha logrado la unanimidad en el rechazo entre todos aquellos que realmente conocen esos sectores energéticos.

Desde el momento mismo en que se presentó, los que sí saben han advertido los peligros de este intento de regresar a modelos caducos de gestión energética.

Sin embargo, los mensajes más contundentes han llegado durante las últimas semanas.

Debería ser suficiente para un gobierno democrático que la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) establezca con toda claridad que esta contrarreforma suprimiría la competencia, eliminaría los mecanismos de regulación y se afectaría a los consumidores.

Pero no, lo que se ganará la Cofece es un nuevo ataque e intento presidencial por desmantelar su autonomía.

Lo que la 4T debe escuchar con urgencia es lo que dice Estados Unidos. Primero su oposición, muy cortés pero clara, a que esta contrarreforma afecte sus intereses empresariales. Pero también, deben escuchar con claridad los mensajes de la guerra.

Estados Unidos cortó los suministros energéticos de Rusia y necesita aliados en su estrategia de desarrollar energías limpias y suficientes.

El gobierno mexicano permite la libre competencia en muchos sectores industriales, pero limita al sector energético que da sustento a las exportaciones. Es totalmente absurdo.

Dominados por un pensamiento viejo, quieren dar paso a esquemas monopólicos, que queman combustóleo, y con eso espantan las inversiones.

La apuesta total de Estados Unidos, y con miles de millones de dólares, es hacia la sustentabilidad energética. México tiene que decidir si se queda fuera de esa estrategia y desperdicia este nuevo boleto de entrada y todo por quedarse en el viejo modelo de los combustibles fósiles, con empresas monopólicas y en mercados de tan enorme volatilidad.

¿Qué más necesita el gobierno de López Obrador para darse cuenta por dónde va el mundo?