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La popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador es alta, pero tampoco es un fenómeno no visto antes. Está al nivel de Vicente Fox o Felipe Calderón a estas alturas del sexenio.

Hay un punto importante, como lo podemos ver en el #AMLOTrackingpoll de Consulta Mitofsky que se publica en nuestro diario El Economista, el que goza de esa gran popularidad es López Obrador, no sus resultados de gobierno.

Por ejemplo, con los datos de diciembre pasado, en la percepción sobre la situación económica actual son más los que la consideran peor que aquellos que aprueban el manejo económico durante este sexenio y ese el rubro mejor calificado.

En pleno año de los servicios de salud “como en Dinamarca”, 43.3% de los encuestados lo ven peor que antes.

Pero donde hay focos rojos para el régimen es en materia de seguridad, 46.1% perciben una mala condición, y en la percepción de corrupción 74.9% de los encuestados percibe que hay más o igual corrupción que en el tan mentado pasado neoliberal.

Entonces, cuando en Palacio Nacional se dan cuenta que en el momento que se quita a López Obrador de la ecuación la autollamada Cuarta Transformación está reprobada, pues se toma la decisión de que López Obrador sea el candidato de facto del oficialismo para las elecciones del 2 de junio.

Lo que está por verse es si todo este despliegue del candidato Presidente es sólo una sustitución de personajes con fines electorales o bien es con la intención de mantenerse en el poder a través de una prestanombres.

Todos los planes de reformas constitucionales parecerían de alguien que no tiene prisa por dejar el poder.

Lo cierto es que la violencia está en campaña y no porque los grupos delictivos busquen los votos.

La delincuencia organizada quiere el poder y el dinero sin trámites electorales y ha encontrado este sexenio facilidades para ello. Muchas entidades del país están muy cerca de la definición de Estados fallidos.

López Obrador se queja de la cobertura de los medios de los hechos violentos porque eso le quita popularidad. Bueno, se queja hasta de la cobertura del accidente del martes en las obras del tren interurbano México-Toluca.

Si los ciudadanos reprueban los resultados en materia de combate al crimen no es sólo por lo que ven en la tele, es porque realmente la gente tiene miedo de salir a las calles y claro, recuerdan aquello de abrazos no balazos.

En la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi, 61.4% de la población mayor de 18 años consideró inseguro vivir en su ciudad. Así que la gente se preocupa por su integridad mientras que en Palacio se preocupan por su continuidad.

Puede haber un control de daños relativamente efectivo con su clientela ante las evidencias de actos de corrupción extremadamente cercanos al propio Presidente, puede mantenerse el discurso de que la salud es de primer mundo y que la mega farmacia funciona a la perfección.

Lo que no se puede esconder es que México está dominado por actos violentos a todo lo largo del territorio nacional y que eso pesa mucho en el ánimo de los electores.