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Cuando Fitch Ratings degradó la nota crediticia de Petróleos Mexicanos hasta el nivel de papel basura, la realidad es que no sorprendió a nadie.

La empresa petrolera más endeudada del mundo, que debió recomponer su camino hacia un eficiente negocio de extracción, vender activos en áreas menos rentables y sanear sus finanzas, decidió, bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador, tomar las peores decisiones posibles dentro del sector energético.

A la élite gubernamental que controla ese sector la mueven los dogmas y no la realidad de tener bajo su control a una empresa en niveles de quiebra técnica, como lo es Pemex. Pero, si tienen el oído presidencial, tienen las arcas públicas abiertas.

El argumento más claro de por qué no hay una preocupación de ese grupo tan cercano al Presidente lo dio el propio director de Petróleos Mexicanos, Octavio Romero, cuando explicó que, si bien la degradación encarecía la colocación de deuda de la petrolera, él no veía ningún problema para que se emitiera deuda para Pemex, pero a nombre de México, que conserva el grado de inversión.

Los que dentro de la Secretaría de Hacienda le entienden al problemón que está generando Pemex, y otro tanto la Comisión Federal de Electricidad, han tratado de limitar las transferencias indiscriminadas de recursos a la petrolera y se han esmerado por buscar mecanismos alternativos para la supervivencia de Petróleos Mexicanos.

Pero a ese grupo intransigente que controla el sector energético poco le importa lo que digan los financieros del gobierno porque son ellos los que han convencido al Presidente de que el monopolio estatal energético bien vale una crisis.

Y ahí está López Obrador y sus palabras de que Pemex y México son lo mismo y que el gobierno siempre va a ayudar a Pemex.

Esto, que es un error grave, lo que provoca es que los bonos de Pemex se disparen después de confirmar que el riesgo Pemex es el riesgo México.

Y si el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, había dicho que en lo que va del presente año fiscal Pemex no había recibido ni un solo peso en transferencias, lo que hace Octavio Romero es desmentirlo con la cifra de 64,970 millones de pesos transferidos por la hacienda pública tan solo durante los últimos días.

Si se suma el total de transferencias directas que ha hecho el gobierno federal a Petróleos Mexicanos y la disminución en la recaudación por la disminución que se ha hecho a la petrolera en el pago de los Derechos de Utilidad Compartida, la cifra supera los 1,100 millones de millones de pesos.

Y para seguir hablando en pesos, aunque la deuda sea en dólares, durante el primer semestre del 2024 Pemex debe pagar deuda por más de 130,000 millones de pesos.

La deuda de Pemex es hoy papel basura, los genios del régimen defienden el mal manejo del monopolio energético con recursos fiscales y mayor endeudamiento a costo país.

El resultado no va a ser otro que poner en riesgo la calificación crediticia de México en el mediano plazo. Todas las condiciones están dadas para que cumplan con el augurio de que Pemex va a ser el talón de Aquiles para la salud financiera mexicana al cierre de este sexenio.