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No es un bache en la pista del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), es el cráter que se ha creado en toda la industria aérea comercial de este país.

El presidente Andrés Manuel López Obrador estaba muy enojado porque el piloto del avión comercial en el que regresaba de su enésima gira por Nayarit reportaba retrasos por un cráter en la pista 5 Derecha/23 Izquierda del AICM.

Desde la visión presidencial era sólo un bache. Desde la perspectiva de un aviador que tiene en sus manos la vida de decenas de personas es algo más peligroso que puede implicar un serio accidente de consecuencias mortales.

Pero López Obrador sólo ve complots y malquerencias. No puede ver las consecuencias del “austericidio” de su régimen, en especial lo que ocurre con las instalaciones del propio AICM, tanto en las áreas de pasajeros, como en las pistas de aterrizaje.

En ciertas épocas del año, el aeropuerto capitalino notificaba a las líneas aéreas comerciales el inicio de obras de reencarpetamiento de las pistas y calles de rodaje. Y, con tiempo, se reprogramaban los vuelos y con ello se minimizaban las demoras en esos días.

Ahora no, la falta de recursos para mantener en un estado aceptable el AICM implica que tienen que esperar que aparezca un bache para entonces taparlo de emergencia y causar demoras. Y, peor que eso, que se pueda provocar un accidente.

Claro, ya se acostumbraron a que las calles de la Ciudad de México están destruidas por los baches y con todo y que diario se rompen llantas y rines de los automovilistas, no baja la popularidad de sus corcholatas. Suponen que el AICM es igual.

Pero no, la crisis en la aviación comercial es mucho mayor que un bache, un socavón o un cráter en la pista. Empieza con la cancelación arbitraria de la construcción de un hub aeroportuario en Texcoco para construir una terminal aérea lejana y mediocre en Tizayuca que hoy nadie quiere usar, pero que sí cuesta mucho dinero operar.

El impuesto por el uso del AICM, que debería usarse para su correcto funcionamiento, se desvía para pagar la deuda millonaria de cancelar el Aeropuerto Internacional de Texcoco y de algún lugar tiene que salir dinero para subsidiar el desértico aeropuerto Felipe Ángeles.

¿Hay la intención de desprestigiar la fiabilidad del AICM para obligar al uso de la terminal de Santa Lucía? Puede ser. Lo cierto, es que no hay recursos suficientes para garantizar su correcto funcionamiento y eso se le nota.

Y, dicho sea de paso, el avión presidencial sigue costando al erario tanto como en los sexenios anteriores, porque ahí está parado y eso cuesta. Sólo que ahora hay que pagar boletos de avión para el Presidente y su amplia comitiva. Por si nadie lo había notado.

El cráter generado por la 4T en la aviación comercial causó desconfianza en las inversiones, la destrucción de un nuevo aeropuerto que iba a solucionar muchas cosas, la construcción de una terminal lejana e inútil y el descuido de un AICM que hoy, además de saturado, se cae a pedazos.

Eso es mucho más que un pequeño bache.